viernes, 26 de marzo de 2010

La ruta de los Bécquer

Entre almendros y parajes encantados paseaban los hermanos Bécquer durante su estancia en el monasterio de Veruela, así que nosotros quisimos recorrer junto a ellos los lugares que luego plasmaron en sus dibujos y leyendas.

Esta ruta está bien señalizada con postes o marcas lilas y blancas en los diferentes cruces de caminos. Si tenéis cuidado en no despistaros, podréis llegar a Litago sin perderos ninguno de los puntos en los que se nos explica la ruta, con grabados de Valeriano y textos de Gustavo Adolfo.

El punto de partida está situado en el parking del monasterio, sólo hay que cruzar la carretera y seguir por el camino donde se encuentra la cruz negra, allí el poeta esperaba sentado la correspondencia de Madrid. Este primer tramo está señalizado con postes que nos dirigen hacia Trasmoz, pasando antes junto al yacimiento de la Oruña al que os recomendamos que os acerquéis y contempléis las vistas de la montaña mágica que sus habitantes antaño seguramente adorarían.

En Trasmoz la ruta se desvía antes de entrar en el pueblo, para rodearlo y alcanzar el castillo, pero también os recomendamos que paseéis por sus calles y entréis al museo de la brujería si lo encontráis abierto, además podréis comprar uno de sus deliciosos quesos de cabra para el almuerzo.

Nos asomamos al cementerio y tras la visita al castillo toca hacernos la foto con uno de nuestros ilustres compañeros de viaje, junto al castillo una bonita estatua de Gustavo Adolfo Bécquer mira a la montaña que como a nosotros un día le hechizó.

Volvemos al camino y tomamos la pista de tierra que tras el cementerio se dirige a Litago, enseguida encontraremos el barranco por donde cayó una de las brujas más famosas del pueblo, la tía Casca. En este tramo un fuerte viento nos acompaña y nos asomamos con miedo a donde antiguamente habría un profundo barranco, ahora cegado.

Seguimos paseando entre almendros en flor pero el paisaje va cambiando y aparecen carrascas y vegetación de monte. En todos los cruces de caminos encontraremos las marcas que os comentamos al principio, buscadlas siempre y no vayáis por los marcados con una cruz. Costará un ratillo pero pronto veréis Litago a lo lejos, el camino transcurre entre huertas y campos donde seguramente os cruzaréis con los hombres que los trabajan. Pronto entraréis en este pueblo y en su plaza podremos leer el último y emotivo cartel de esta ruta maravillosa. Sólo nos queda tomar un buen reconstituyente en el bar "Los cazadores" muy coqueto y acogedor, aunque por fuera no lo parezca, y volver por donde hemos venido, satisfechos de haberlo conseguido para poder contároslo después y compartir con vosotros todas las fotos que sacamos en el correspondiente video. Hasta la próxima ruta.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Ya hace un año...

Un 24 de marzo, ya hace un año, os contaba la historia de un encantamiento que al parecer ha sido bastante contagioso por el número de visitas que hemos tenido. No os voy a aburrir dándoos cifras, sólo deciros que una media de 900 visitas mensuales es todo un logro para nosotros. Digo nosotros porque aunque escriba yo, tengo un compañero de aventuras al que llevo de un lado para otro, siempre refunfuñando pero que disfruta de esta historia tanto como yo.

Empezábamos muy timidamente y según cogíamos confianza nos íbamos soltando. Nosotros queríamos mostrar a nuestros amigos del Moncayo que vivían en un sitio privilegiado, porque a veces no nos damos cuenta de lo que tenemos hasta que no lo valoran fuera. Y lo que el Moncayo tiene no sólo son fabulosos paisajes, el Moncayo son sus pueblos, son sus gentes, ellos son los que lo hacen único. En nuestras andanzas hemos conocido a más buena gente que nos han apoyado y seguido durante estos meses y a los que esperamos no decepcionar nunca.

Hemos hecho una pequeña selección de fotos realizadas por nosotros, la mayoría, excepto 2 ó 3 que hemos tomado prestadas (espero que no importe a sus autores). Creemos que captan la belleza de los rincones que visitamos y la variedad de paisajes que se pueden encontrar en estas Tierras. Desde Villa Encanto tenemos el privilegio de poder disfrutar de la grandiosidad de esta montaña, sus vistas sabéis que son privilegidas pero no es un paisaje estático, muy al contrario varía constantemente y siempre consigue sorprendernos. A veces pensamos y comentamos a nuestros visitas que ya estamos inmunizados a su encanto, pero afortunadamente pronto comprobamos que no es así. Como hemos dicho en nuestro muro de Facebook, nos queda la espinita de no haber visitado más la cara oculta del Moncayo, la comarca de Aranda es un paraíso escondido que tenemos aún que descubrir pero hay un nuevo año por delante y muchos planes en los que la incluimos. Os dejamos el vídeo, disfrutadlo.

Cartas desde mi Villa ;o)

jueves, 18 de marzo de 2010

Restauración de los cabezudos del Santuario de la Misericordia

Emocionante y bello montaje de la restauración de los cabezudos del Santuario de la Misericordia. A mis hijos les daba miedo asomarse a la sala del Santuario donde estaban arrinconados y arruinados, ahora ya es otra cosa. Una tradición más que no se pierde y que alegrará de nuevo a muchos de los que un día corrieron delante de ellos.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Moncayo en Marzo.

La primavera tarda un poquito más en llegar al Moncayo aunque ya despuntan las flores en los almendros. Este fin de semana la nieve cubría toda la sierra y una egoísta bruma intentaba esconder el paisaje. El gris manda todavía y algunos negros árboles del camino parecían no haber superado el invierno, espero que les quede algo de savia que vuelva a hacerlos brotar esta primavera.

Pronto una alfombra de árboles rosados nos dará la bienvenida a estas tierras y la nieve iluminará el cielo más azul que jamás hayáis visto. Los verdes despertarán y competirán en belleza con el color del cielo, desplegando todas sus gamas. Y yo no podré evitar admirarlos, como si fuera la primera vez... Pasaremos Veruela y los estirados chopos lucharán por ocultarnos el horizonte, una brisa moverá sus hojas llamándome, giraré la cabeza y allí estará como siempre, esperándonos, mi dulce (cuando quiere) y poderosa montaña...

lunes, 15 de marzo de 2010

La leyenda del tesoro de los Bécquer

¿Imaginarían los Bécquer que ellos también formarían parte de una leyenda?

Esta leyenda surge para explicar los viajes de los hermanos Bécquer al monasterio, atribuidos a varios intentos de localizar un tesoro, del que habían tenido noticia en su primer viaje.

Cuenta como Gustavo Adolfo, un día que paseaba sin rumbo, creyó dar con la pista del tesoro: la bóveda que conducía a un subterráneo donde existían objetos de gran valor. Sin embargo, para extraer éstos se necesitaba un gran número de obreros. Gustavo Adolfo lo contó a Valeriano y ambos vivieron con la esperanza de comprar algún día aquel terreno. Al morir Valeriano, su hermano refirió la historia a su amigo Bernardo Rico y éste a Manuel Alhama Montes “Wanderer” quien fue a Veruela hacia 1898 a buscarlo. Sólo encontró una cueva llena de escombros y abejas que le atacaron en masa y abandonó definitivamente la búsqueda. En todo caso, el verdadero tesoro que los Becquer legaron en Veruela fueron sus cartas y sus dibujos.


En el monasterio de Veruela se encuentra el "Espacio Bécquer", ubicado en la cilla del monasterio. Esta exposición permanente pone al alcance de los visitantes imágenes y textos de los artistas que muestran el profundo análisis que llevaron a cabo en las Tierras del Moncayo.  Encontrarás más información sobre este espacio y el monasterio aquí>>

Fuente: COLECCIÓN RUTASCAI por Aragón nº4


Cuevas de Añón de Moncayo

martes, 2 de marzo de 2010

Señales.

¿Creéis en las señales? Yo sí. Hoy llegaron a mis manos las memorias manuscritas de mi abuelo, aquel dulce y pequeño viejecito al que todos mimaban era un desconocido para mí. Su infancia fue muy dura, su madre murió en el parto y nunca pudo conocerla pero sí a una larga lista de madrastras que no le trataron bien, de hecho en plena guerra mintió en su edad para poder alistarse en el ejercito donde creía que no necesitaría robar para poder comer. ¿Sabéis? Yo hablo muy bajito y el quedó sordo en la guerra, una granada le explotó muy cerca y le destrozó los tímpanos. Para mí era complicado comunicarme con él, no me gusta gritar y su audífono no era suficiente para mi bajo tono de voz.

Una tarde de otoño me encontré casualmente con él, sentí que algo raro ocurría y se lo comenté a mi madre. Unos meses más tardes moría tras un derrame y en su dulce lecho de muerte me dijo por primera y única vez cuanto me quería. Nunca olvidaré ese día, ni tampoco sus siempre infructuosos intentos por contar chistes, se moría de risa y era imposible entenderle pero toda la familia acabábamos encanados cuando lo hacía.

Ayer también encontré uno de los primeros apuntes de mis sensaciones sobre el Moncayo, hace ya unos añitos. Voy llenando todos los papeles a mi alcance de notas que se me van ocurriendo cuando realizo otras tareas, en el autobús en papelillos de mi bolso, en la publicidad del supermercado cuando recojo la cocina, en libretitas, en el papel del reciclado... De vez en cuando las voy pasando a libretas más localizables.

Me encantaría saber escribir y comparando con aquellas primeras notas veo que voy mejorando, ahora sería incapaz de colgar aquel texto en este blog. Todo lo que me ha ocurrido estos últimos años ha sido una concatenación de elecciones rápidas basándome en posibles señales que he creído ver. Según voy consiguiendo metas voy creyendo aún más en esas señales y aprovechando las oportunidades que a su alrededor se generan, por supuesto también creo en el estudio, el trabajo y el esfuerzo. Encontrar estos manuscritos de mi abuelo y comparar la evolución de mis pobres escritos me hace plantearme nuevos retos; algún día conoceréis la historia de mi abuelo o al menos la de alguien que podría haberlo sido...

Bueno, ya tuve dos hijos, creo que escribiré un libro y lo de plantar un árbol en el Moncayo lo tengo fácil y vosotros también. La semana pasada hubo plantaciones en Grisel y este sábado serán en Trasmoz y en Alcalá. Nuevas Quercus Iles (encinas) repoblarán el somontano del Moncayo. Así que cubo y pala y "pa'l Moncayo".

Uy, de mi abuelillo andaluz a la plantación de árboles. No, si las señales las veo pero a veces los caminos por los que me llevan desparraman un poco :o).

Cartas desde mi Villa