viernes, 28 de mayo de 2010

Purujosa: Fiestas en honor a la Virgen de Constantin.


Cuenta la leyenda que la entonces llamada Virgen de la Cueva de Purujosa fue visitada por el emperador Constantino en el siglo IV, motivo por el que pasó a llamarse Virgen de Constantin. El pueblo y el entorno es precioso, podéis verlos en nuestros videos de youtube. Si todo un emperador la visitó, tú no puedes dejar de hacerlo ;o)

lunes, 10 de mayo de 2010

Viajando en el tiempo por el Moncayo.

Este fin de semana la lluvia invitaba a hundirse en el sofá con un par de libros y visitar el Moncayo a través de ellos. Tenía dos libros sobre la mesa, una novela histórica sobre el poblado celtibero de Oruña (junto a Vera de Moncayo) y la historia del pueblo que al fondo del valle diviso desde Villa Encanto, Añón de Moncayo. Me cuesta digerir un libro la primera vez que lo leo, mi ansiedad de saber hace que los engulla demasiado rápido y hasta que no los leo una segunda vez no los saboreo en condiciones. Esta vez no fue diferente, ultimamente he paseado tantas veces por eso parajes que la curiosidad me podía y sin casi darme cuenta acabé los dos libros de un tirón. Una cálida luz iluminando mi rincón de lectura con el murmullo del televisor al fondo me transportó al pasado con el primer libro elegido.

"Oruña", de José Angel Monteagudo, es una pequeña novela donde el ahora y el pasado se entrecruzan. En el presente es inevitable preguntarse si las vistas de la montaña mágica que se ven desde el cerro donde se encuentran los restos de este poblado, hechizaron como a muchos de nosotros a sus antiguos pobladores. Estoy convencida que sintieron el poder y la fuerza de la montaña y eso les hizo sentirse protegidos. Aunque ahora la mayoría de los visitantes del yacimiento son turistas que van a disfrutar del medio, antaño vivían de él obteniendo caza, frutos, hierbas curativas, madera para construir y alimentar el fuego, metales que tañían en aguas briosas y tierra roja para sus vasijas. Un paraíso como éste sería codiciado por otros pueblos que acabarían con los fundadores de Oruña.



El segundo libro fue toda una sorpresa, "Añón de Moncayo, su historia y su entorno". Su autor se llama Pedro Antonio Serrano Luna y es propietario de una de las viviendas que hay en el castillo de este pueblo. Curiosamente comparto con Pedro Antonio la fecha de nacimiento, ¡qué casualidad! Al leer el prólogo del libro y las motivaciones del autor para escribirlo no pude evitar una gran sonrisa, ¡me sentí tan identificada con sus palabras! Al igual que él, pasé mucho tiempo en un pequeño pueblo muy humilde pero lleno de historia. Cuando paseaba por sus alrededores y lo contemplaba desde un cerro cercano me preguntaba quienes vivieron allí, quién habitó antes mi casa y cuantas pasiones surgieron en un sitio tan reducido. También me preguntaba cómo nació y porqué ahora parecía morir.

Hay escritores que se regodean en sus creaciones, tienen el poder de la palabra y se sienten semidioses pero les falta la humanidad necesaria para llegar a los mortales. Suenan bonito y parece inteligente lo que narran pero no transmiten (¿dónde he oído yo esto antes?), creo que sólo otros semidioses pueden entenderles. Por el contrario, la llaneza de los autores de estos dos libros y sus motivaciones a la hora de escribirlos nos trasladan fácilmente a otras épocas en lugares que tan bien conocen.

La noche de nuevo volvió a atraparme en sus redes de silencio, el crepitar del fuego ya se extinguía, así que me recogí y deposité los libros en la librería del salón. Allí esperarán a una nueva lectura, ya sosegada, y a futuros visitantes de Villa Encanto que, curiosos como yo, vuelvan a abrirlos y viajen en el tiempo a los bellos lugares que rodean la casa y que se describen en ellos.


Vistas del Moncayo desde el yacimiento de Oruña