sábado, 30 de octubre de 2010

Otoño



Ayer llegabamos de noche a Villa Encanto y no ha sido hasta esta mañana cuando al abrir la ventana nos hemos encontrado con nuestro Moncayo estrenando traje. Hoy no hemos podido desplazarnos a esos bellos bosques de cuento, pero desde la casa los hemos contemplado largamente, embelesados y hechizados mientras desayunabamos. La cosa es que cuando he despertado de este nuevo encantamiento, el café ya estaba frío.


lunes, 25 de octubre de 2010

La Vaquera de Morana y la Fuente'l Prau


Buscábamos en los últimos meses el lugar donde el Marques de Santillana tiró los tejos a una bella añonera, allá por 1429. Sabíamos que estaba muy cerca de Villa Encanto pero se resistía el valle a mostrárnoslo.

Al fin, lo encontramos y ... ¡vaya rincón precioso!. Es uno de los lugares secretos que oculta el valle de Morana. Como no hay cartel ni nada parecido, os voy a contar como llegar: si venimos de Añón por el puente medieval llegaremos a la zona del escorial donde encontramos un montón de negros restos de la antigua herrería (escoria), seguiremos dirección a la herrería (hay una señal) y unos metros más allá pasaremos a la derecha un bosquecillo de pinos; al terminar éste, aguzar el oído y seguir el ruido del agua. Escondida por la vegetación nos encontraremos la Fuente'l Prau, dicen que es agua potable, y junto a ella un monumento conmemorativo donde podremos leer la serranilla de "La Vaquera de Morana":

En toda la su montana
De Trasmoz a Veratón,
Non vi tan gentil serrana.

Partiendo de Conejares,
Allá susso en la montaña
Çerca de la Travesaña,
Camino de Trasovares,
Entontré moça loçana
Poco más acá de Añón.
Riberas de una fontana.

Traía saya apretada
Muy bien presa en la çintura,
A guisa de Extremadura.
Çinta e collera labrada.
Dixe: “Dios te salve, hermana;
Aunque vengas de Aragón,
Desta serás castellana.”

Respondióme: “Caballero,
Non pensés que me tenedes,
Ca primero provaredes
Este mi dardo pedrero;
Ca después de esta semana
Fago bodas con Antón,
Vaquerizo de Morana”.


Es un lugar muyyy romántico que seguro inspiró a este ligoncete poeta. Cuando te cuesta conseguir algo, parece que lo aprecias más. Aunque, realmente es un sitio precioso al que volveremos pronto y cuya búsqueda nos ha servido para conocer mejor este encantador valle, donde la Huecha corre y brota por sus numerosos manantiales bajo el nombre de Río Morana.


Fuente'l Prau


domingo, 10 de octubre de 2010

Vientos mágicos.

Comentando en facebook el vídeo que os muestro al final de esta entrada, compartía unas risas con un par de "encantadores" amigos y estupendos blogueros. Contaba, en broma, que en las cimas del Moncayo sopla tan fuerte el viento que de vez en cuando nos aparece un montañero en el jardín de Villa Encanto, a lo que Ramiro añadía que su perro voló realmente en La Lobera. Así que le recomendé que lo encordara la próxima vez que subiera y me partía imaginándome al animalico volando como una cometa entre la águilas de Purujosa, eso sería ya la rematadera para la madre de Ramiro que le avisaba cuando salía de que no se lo llevara tan alto. María Luz, nuestra alada amiga, contribuía a la conversación con el vuelo de su pequeño con dos añitos y la desaparición en el aire de una bolsa con tres barras de pan con la consiguiente sorpresa del panadero al volver a comprarlas.

Me reía con ganas, pero acordándome del pequeño susto que el aire me dio unas noches antes en Villa Encanto. Dicen que en el Moncayo hay seres mágicos, muchos de ellos burlones, yo verlos no los he visto pero hay veces que... como te lo explicaría yo. Bueno, el que los latiguillos del agua caliente y fría estuvieran intercambiados puede ser una broma de nuestros "okupas", que cayera una piedra de la chimenea en el tejado justo cuando en la peli unos terribles extraterrestres intentaran entrar por el mismo sitio, seguro fue una casualidad, a veces desaparecen cosas pero la edad causa estragos en la memoria, ok. Pero... la última noche que dormí en Villa Encanto me despertó el sonido de una dulce música en la puerta trasera que da al bosque. Nunca había oído nada igual allí, me ha costado mucho acostumbrarme al extremo silencio que reina en la noche de nuestra villa, excepto cuando el temporal sopla y el viento lucha por tumbarla. Estuve un rato escuchando aquel sonido, tapándome hasta la cabeza con las mantas, bien calladita, hasta que mi marido dijo medio dormido: " me parece que llueve". En ese momento el ruido paró en seco y no volvió a sonar. El viento seguía soplando, no llovía y finalmente me dormí pensando que tengo una imaginación desbordante pero... nada, eran las tiras de la cortina de la puerta golpeando la barandilla y un viento racheado que cambió de sentido, ¿o no?

"Yo también creo en todo: En todo... lo que deseo creer. (...)
desnudate del temor como de una vestidura grosera, y osa traspasar
los umbrales de lo desconocido."
Gustavo Adolfo BÉCQUER, "El gnomo"

 
 
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