viernes, 31 de diciembre de 2010

FELIZ 2011


No todo el mundo es capaz de sentir la magia,
pero otros pueden capturarla para tí.

Que el poder de la montaña mágica
llene de felicidad vuestros corazones.

¡¡Feliz 2011 encantados!!

lunes, 6 de diciembre de 2010

ADOYRA, LA SARRACENA

Ruinas de San Juan. Allí donde, en noches de luna, la mora canta su romance.
Moncayo es tierra de leyendas y no es difícil encontrarse lugares donde se vivieron tristes hechos que intentaron ser borrados de la historia pero que ánimas encantadas consiguen a través de leyendas no sean olvidados.

Cerca de Villa Encanto existen unas ruinas donde cuenta la leyenda que una bellísima mujer, llamada Adoyra,  canta su romance en las noches de verano, confudiéndose su voz con el sonido del viento. Fue acosada por un fraile de origen noble, hermano del comendador de Añon, encargado de esta  ermita situada junto al río, muy cerca del molino donde ella vivía.

"Quiso Dios que Adoyra, mujer hermosa, hija de unos sarracenos de Trasmoz, viviese en el molino batanero que a cargo de la ermita se encontraba. Y quiso el diablo, para poner a prueba su fe, que Adoyra quedase viuda y con tres criaturas, pues León el molinero era ya un viejo cuando maridó con la moza. Fray Guillermo mandó llamarla para conocer por sus propias palabras la triste situación de la viuda, pues se tenía por hombre piadoso con sus vasallos. Y cuando halló a la mora, con su litam descubierto y los ojos negros fulgurando cual zafiros en la cobriza seda de su tez, cayó rendido ante sus encantos. Y sin embargo mantuvo silencio...Pero quiera que las noches son fráas y solitarias en este Moncayo y fray Guillermo salió en busca de la bella Adoyra. Llamó a su puerta mil veces pero la mora no se enterneció. El fraile perdió los estribos y gritó y gritó hasta que todos en la encomienda fueron enterados de su lujuria. Sintió que sus propios vasallos se reían a sus espaldas por no haber podido doblegar a una vulgar sarracena y, para resarcirse de la vergüenza denunció a Adoyra por bruja y hechicera. La mora fue ajusticiada y quemada viva en la plaza de la encomienda, bajo los ojos impasibles de fray Guillermo. Pero el alma de Adoyra, como un haz de luz blanca inextinguible, le persiguió mientras vivió su triste vida. Y aún ahora, en las noches de verano, iluminada por el reflejo de la luna bajo la enredadera que cubre las ruinas de la ermita de San Juan, podemos observar a la bella mora cantando un romance que se confunde con el sonido del viento de verano."