domingo, 27 de marzo de 2011

Caminando con Poetas

Me encuentro ante una hoja de word en blanco, como muchas veces se encontrarán los escritores que nos acompañaron el pasado domingo, en la primera edición de la "Ruta de los Bécquer" de este año. Sólo pudimos recorrer con ellos el tramo de Veruela a Trasmoz pero fue suficiente para contagiarnos de nuevo con la magia de este camino, incrementada por la compañía de las musas de personajes tan sensibles a su belleza.

Un trayecto que a paso ligero se recorre en media hora, se alargó casi a las dos horas, con múltiples paradas que explicaban el paisaje y se aprovechaban para llenar el ya rico aire del Moncayo con poesía y recuerdos del paso de los Bécquer. Continuó el grupo hacia Litago, regresando nosotros a Villa Encanto, pues no habíamos contado con que la poesía paraliza el tiempo pero no los relojes. Alcanzar Litago con ellos nos hubiera hecho llegar tarde a una comida con otros amigos a los que teniamos muchas ganas de volver a ver. Ya a paso ligero, caminábamos hablando de organizarnos mejor en julio, en la segunda edición de la ruta, e incluso en traer a nuestros hijos, ya que a ese ritmo no se hacía pesado y podían corretear con otros niños. Había una pequeñilla que llevaba a su madre detrás con la lengua fuera, y eso que cuando la vi pensé que pronto pediría brazos.

Con el Moncayo de telón de fondo.
No quería terminar la semana sin escribir algo en el blog sobre esta nueva experiencia que se ha sumado a las muchas que he tenido durante los dos últimos años. Dos años en la red que cumplíamos el pasado jueves con muchas satisfacciones, sobre todo en los últimos meses, durante los cuales nos hemos hecho un pequeño hueco en la historia del Moncayo, siendo reconocidos en muchas ocasiones como los del “Encanto del Moncayo”. A través del blog, y posteriormente en las redes sociales, hemos conocido virtual y personalmente a personas que han enriquecido nuestro paso por estas tierras y que incluso se han sumado a nuestra aventura. Mari Luz, Diana y Sergio escribirán desde diferentes puntos del Moncayo y firmarán nuevas entradas del "Encanto del Moncayo". Tenemos nuevos amigos que nos harán más divertido el camino.

Como los Bécquer, recorremos el Moncayo capturando imágenes, conociendo secretos rincones y apostando por la belleza de las tradiciones y las leyendas que tuvieron su razón de ser y no pueden desaparecer. Me apena reconocer que no presté atención a aquellos dichos e historias que mi abuela contaba y que todos ignorábamos, ya no puedo recuperarlas… pero quizás pueda ayudar a que otras no se pierdan. Ha sido sumergiéndome en las Tierras del Moncayo cuando mi mente ha despertado y cuando he visto claramente que todo tiene su porqué.



Luigi Maraez, poeta sevillano que pasa largas temporadas en Trasmoz

miércoles, 23 de marzo de 2011

Por las Serranías del Moncayo: En las profundidades del bosque (2ª parte).

Pasadas las nieves y las lluvias, que embarraron los caminos, continuamos nuestra expedición por las últimas estribaciones de la Sierra del Moncayo, en la comarca zaragozana de Campo de Borja. Motorizados a ratos, andando otros, seguimos recorriendo una parte desconocida del Moncayo, al menos para nosotros.

Volvemos a la carretera que une Ambel y Talamantes donde, un par de semanas antes, la primavera avasallaba los campos reclamando su espacio con una belleza tal, que no quedaba ninguna duda de que ella era la reina. Ahora, ya expulsado el invierno, mucho más serena, recubre con su soplo de vida los paisajes que nos rodean, cubriendo con su capa las ramas de los árboles aún desnudas y reverdeciendo la tierra con pequeños brotes que rompen a nuestros pies. Dispuestos a “escacharrar” el coche de nuevo, regresamos al tramo donde nos quedamos y parando en el mirador de Escoplé contemplamos un despejado Moncayo. Llegamos enseguida a Talamantes, un enorme rebaño de ovejas baja por la Tonda ocupando gran parte de la ladera descubierta de árboles. Vemos el sendero que indica a Tabuenca justo en la entrada del pueblo pero por allí no pasábamos con coche, así que vuelta atrás en busca de la pista que hay junto al puente de Valdecalber (km 15,2). Una vez en el camino que nos llevará a Tabuenca no hay grandes problemas para continuar, ya que está magníficamente señalizado por “la ruta de la garnacha” que une todos los pueblos de la comarca.

Laderas de la Tonda (Talamantes)

En este primer tramo circulamos por monte bajo, rodeados de aromáticas y con las altas cumbres del Moncayo a nuestra espalda. A un kilómetro de la carretera llegamos a un cruce de caminos desde el que podemos observar una importante sima, la sima del Tubo u Ojo del Coronel, las más profunda de la provincia con sus 56 metros de descenso y que podéis visitar en YouTube, aquí. La entrada es muy pequeña, una estrecha grieta vertical que puedes ver bajo la carretera, a la izquierda de una roca grande con zarzas en su base.

Entrada a la sima del Tubo (ver flecha)

Continuamos nuestro camino y nos sumergimos en un extenso encinar, casi recuperado del gran incendio de 1993, hasta llegar al collado de la Cruz donde limitan Talamantes, Trasobares y Tabuenca. Desde aquí ya podemos contemplar la espectacular Peña de las Armas que nos acompañará el resto del camino. En tierras de Tabuenca nos recibe una alfombra roja, el camino se tiñe del color rojizo característico de la zona. Uyuyuy, han pasado las máquinas para allanarlo pero aún no lo han apisonado, no nos damos la vuelta pero casi, ¡pobre coche!

Peña de las Armas (Tabuenca)

En el paso de los Cabreros nueva parada, tras el coscojar y la sabina negra nos asomamos a la gran finca de la Torre de Ambel y su collado Royo; al fondo la Selva de Borja; detrás de nosotros la Peña de Armas vigilante. No nos hemos cruzado con nadie durante todo el camino, estamos sin cobertura, como nos quedásemos atascados en el barro estábamos “apañaos”. ¿Continuamos? Por supuesto, hacia atrás ni para coger impulso.

Al fin mejora el camino y tras 8 kilometros desde la carretera llegamos al barranco de Valdeperillo, que identificamos por sus chopos cabeceros. Estos áboles fueron desmochados para utilizar sus nuevas ramas como vigas de las casas moncaínas. Aquí aparcamos el coche, junto a una cantera de piedra de Tabuenca, para adentrarnos en la cañada de la Cueva. En el barro rojo aparecen cientos de huellas de corzos, a los que asustamos con gritos de emoción cuando los vemos asomar.

Huella de corzo.
La cañada termina en un campo yermo y tenemos que adentrarnos unos metros, en un bosque inhóspito, para encontrar la Cueva, una enorme cavidad en la roca de 6 metros de altura recubierta con cortinas de hiedra. Parecemos estar en un bosque de Mordor, así que medio salimos corriendo, sin olvidarnos de tomar nota de las ramas de arce de Montpellier aún sin hojas pero que lucirán esplendidas en el otoño, habrá que volver pese a no ser bien recibidos. De regreso al coche, observamos muretes de laja roja encima de  rocas del mismo material y unos preciosos enebros (avanzadilla en tierras roturadas que ayudarán a reconquistar territorio al bosque de encinas).

La Cueva

No me extiendo más, hemos situado y apuntado en nuestra lista muchos rincones pendientes que hemos dejado en el camino. Pronto llegamos al peirón y a la ermita de Santa Barbara, el pueblo está cerca. En efecto, enseguida vemos una magnifica vista de Tabuenca, que visitamos hace años pero no recordábamos tan bonita, tendremos que volver a callejearla pronto. El sol se esconde, satisfechos regresamos a Villa Encanto. Os dejo un video de toda la ruta y el enlace de la primera parte de la ruta.


lunes, 21 de marzo de 2011

Primavera en el bosque encantado.

Eléboro Fétido (Helleborus foetidus)
El sábado disfrutábamos de una encantadora tarde en el encinar de Tabuenca, de pronto el bosque se cerró y un gélido viento nos invitaba a marcharnos, no eramos bienvenidos. Nos asomamos a la enorme cueva que buscábamos y marchamos rápido, con cuidado de no tropezar en un suelo lleno de ramas que me dio por pensar golpearon a intrusos peor recibidos. En este lúgubre lugar era primavera a su manera y florecían plantas como esta, el eléboro fétido, la planta de las brujas.

sábado, 19 de marzo de 2011

Lo que cuentan los pájaros.


Los primeros rayos de sol de la mañana comienzan a colarse por las rendijas de la persiana y el silencio se rompe con los ladridos lejanos de un perro y los gorgoritos de unos pájaros que se posan en el tejado al que da mi ventana.

Comienzan su interminable conversación que me parece adivinar:

-¡Qué alegría! ¡otra vez está abierta aquí la escuela!

-¿Pero qué me estás diciendo? La escuela cerró hace años…

-Sí, ya lo sé, por eso me extrañó oir ayer aquí dentro risas de niños jugando... ¿? Pero te aseguro que ayer por la tarde oí a niños entrar y salir de la casa.

-Me parece que te confundes, hace tiempo que esta casa ya no es una escuela, si no asómate cuando puedas por esa otra ventana y sólo verás un pupitre desvencijado y listo para restaurar que quedó aquí olvidado.

-Ya decía yo -le contesta el otro pajarito con sus graciosos gorgoritos - pero oye ¿y el practicante que vivía aquí?

-¿El practicante? ¿ese pequeñajo y feo al que le gustaban mucho los niños? La gente del pueblo cuenta que era muy chiquero pero que su mujer lo ataba bien corto…

-¿De quién habláis? ¿Del practicante? ¿El que vivía aquí?-oigo en otro tono y gorjeo diferente a otro pájaro que acaba de posarse entre aleteos y píadas.

-Sí , ¿tú sabes algo de él?

-Buffff, yo creo que ya murió, pero me contaron que hace tiempo, cuando él vivía en esta casa, lo mandaron llamar para atender a una parturienta del pueblo y su mujer no le dejó cumplir con su trabajo.

-Anda que… hay cada una por ahí…

TAN, TAN, TAN, TAN...

Los cuartos de la hora rompen la conversación y se oye un aleteo asustado mientras escucho como las campanas de la iglesia nos recuerdan que son ya las ocho de la mañana.

Me acurruco en mis sábanas sonriendo y pienso que ahora nos toca a nosotros escribir nuestra propia página en la historia de nuestra casa.

lunes, 14 de marzo de 2011

De tumbas y leyendas: Veruela y Don Pedro de Atarés.

Tumba de Don Pedro de Atarés

"...una losa negra, sin inscripción y con una espada groseramente esculpida, señala el humilde lugar en que el famoso don Pedro Atarés quiso que reposasen sus huesos" Gustavo Adolfo Bécquer.


Cuenta la leyenda que don Pedro de Atarés, señor de Borja, se perdió en el bosque cuando iba de cacería, siendo salvado por la Virgen. Ésta le protegió de una terrible tormenta y le indicó el camino de regreso, pidiéndole que edificará en su honor un lugar de culto. Se cumplió la petición y a pocos metros del lugar de la aparición mariana se levantó el Monasterio de Nuestra Señora de Veruela.

Según algunos historiadores, la fundación del monasterio fue realizada en 1146 por monjes procedentes del monasterio francés Scala Dei, dicen que llamados por Pedro de Atarés, cuya donación de los lugares de Veruela y Maderuela posibilitó su construcción. Pero otros historiadores afirman que ni la Virgen ni don Pedro tuvieron nada que ver con la fundación de este cenobio, sino que fueros sucesivas donaciones del rey de Pamplona, García Ramirez el Restaurador, y posteriormente de Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona y príncipe de Aragón.

A mi me gusta más creer en la leyenda que Bécquer recogió en su "Carta IX", y pensar que ese noble señor yace junto a su familia en el claustro del monasterio que fundó. El que pudo ser Rey de Aragón eligió reposar humildemente en el suelo de la puerta de acceso de los monjes a la iglesia, recordando a los que por encima pasan que nadie es más que otros, por muchas riquezas o títulos que tenga. Junto a él, en sarcófagos de piedra, descansan su mujer e hijos que al morir jóvenes son protegidos por leones pétreos que velan por ellos, bajo sus tumbas.

Entrada a la Iglesia de Veruela y tumbas de la familia Atarés

miércoles, 9 de marzo de 2011

Castillo de Alcalá de Moncayo

Siempre echamos a volar la imaginación cuando vemos o visitamos un castillo en alguna población...¿cómo vivirían sus habitantes? ¿cómo se defenderían de los ataques enemigos? ¿cómo se comunicarían entre ellos? ¿qué secretos e historias guardan entre sus muros?

El castillo de Alcalá, comúnmente llamado "la casa del cura" apenas se distingue del casco urbano. Una construcción que hace años intentó reformarse pero que por lo que he averiguado fue paralizada por el arzobispado de Tarazona.

He insertado dos fotos que saqué el domingo pasado de una imagen poco vista de este castillo: el interior.

Echad a volar vosotros la imaginación....

"Alcalá de Moncayo es una pequeña población retrepada en lo alto de un cerro defensivo en la orilla derecha del río Huecha. Su origen defensivo está refrendado por su nombre de raíz árabe ("Al-Qala: El castillo"). Estratégicamente situado, al igual que el cercano lugar de Añón, guardaban los caminos que desde Castilla se encaminaban al valle medio del Ebro.

En época medieval debió contar con castillo y templo románicos; de los que no queda sino recuerdo fonético y algunos sillares con marcas de cantero reaprovechados por el pueblo. Lo que si queda es parte de su perímetro murado en la zona que mira al Moncayo. En esa zona, se conserva un gran cubo de muralla edificado en mampostería. En el cubo de muralla descrito, hay un precioso ventanal geminado, que por su hechura y materiales parece reutilizado. Es como si lo hubieran injertado en esta zona.


Las jambas las forman sillares de arenisca. Uno solo en el lado izquierdo y dos en el derecho. Parteluz a base de columna cilíndrica monolítica sobre basa muy deteriorada y en su cima, capitel de formas sencillas a base de hojas apenas marcadas en sus ángulos, con nervadura central y una bola o quizá piña en el vértice superior.


La parte superior del ventanal es un bloque monolítico, hoy resquebrajado, con dos arquitos de herradura muy marcada, marcando casi radio + 2/3. Ventanal mozárabe sin duda que en su origen adornaría alguna de las desaparecidas edificaciones del lugar."


martes, 8 de marzo de 2011

Pyrene y el Pozo de los Aines


Pyrene es una encantadora duende que nos contó su propia versión de la leyenda del pozo de los Aines. Se suponía que esta bella sima se formó cuando un rico morisco, llamado Hamet-Ben-Larbi, labraba su campo en día santo y como castigo divino fue engullido, junto a sus caballerías, por un enorme pozo que se abrió a sus pies. Nuestra pequeña amiga se lo contaba a su madre pero de manera mucho más creíble para la mente de un niño, podéis conocer su historia en el video del final del post.

Del sarraceno nunca más se supo, pero quedó en el lugar un impresionante boquete de 30 metros de profundidad, en medio de un campo de olivos. Esta sima de leyenda se encuentra muy cerquita de Grisel. Para llegar hasta allí, saldremos del pueblo por la calle de San Antón, pasaremos por el Pilón del mismo nombre y seguiremos rectos por el camino hasta dejar a la izquierda unas bodegas abandonadas y cruzar el puente de una acequia, seguiremos junto a ella por la derecha hasta llegar a un campo de olivos, en el centro de este campo encontraremos el Pozo de los Aines.

Bajando por unas escaleras talladas en la piedra, podemos asomarnos a un pequeño mirador para ver su interior recubierto de enredaderas, musgos, plantas trepadoras, nenúfares y un raro ejemplar de helecho llamado lengua de ciervo. Para bajar abajo, es necesario equipo de escalada porque se derrumbó un tramo de las escaleras, hay que tener cuidado con los niños ya que aunque hay una reja que impide el paso, ésta se abre fácilmente. Nos entristeció ver que alguien lo usa de basurero, increíble pero cierto.




viernes, 4 de marzo de 2011

Cree en mi Moncayo.

No voy a engañarte, para sentir la magia primero hay que creer en ella. En mi Moncayo no encontrarás trucos ni artificios, solo hechizos potentes que como diría el poeta "impresionan profundamente el ánimo”. No hay más ciego que el que no quiere ver pero esta magia cura la ceguera incluso a los más incrédulos. La montaña es mágica y poderosa aunque no haya triples lumpings, ni trabajadores vestidos de gnomo. El encanto rural de sus pueblos es tal cual, no son de cartón-piedra, y para recorrerlos hay que ir a patita, no hay trenecitos chu-chu, ni burguers en cada esquina. Sus explosivos atardeceres no son los fuegos artificiales del fin de fiesta y los colores cambiantes de la montaña no son variados decorados, sino estados de ánimo de un gigante dormido. Las cuevas no son del terror, aunque te pueda aparecer en ellas algún que otro ser encantado. Si sigues las flechas verás lo que todos, pero si sigues la magia, encontrarás valles secretos con manantiales rebosantes de poción mágica o pequeños lagos que capturan la montaña y en su reflejo descubres duplicada la gran belleza de la naturaleza virgen.

En la vida diaria ocurre algo parecido. Para sentir tu magia tienen que creer en ti, tienen que ver más allá de sus decorados. Es una pena que hasta que no se te reconoce fuera, no se te valora como te gustaría en tu entorno más cercano. Me enfadan mucho los estereotipos, cuando no se ve más allá de ellos pierdes la oportunidad de conocer el encanto de las cosas y de las personas. No sé si te habrá pasado que cuando eres curioso y tienes afán de saber y compartir lo aprendido, mucha gente te tilda de “listo”, en el sentido peyorativo de la palabra. Yo sólo sé que no sé nada y cuanto más sé, más cuenta me doy de lo ignorante que soy pero estoy hasta las narices del complejo de tontos que tienen algunos, queda dicho. Me cabrea mucho y no consigo contar hasta diez pero sigo aprendiendo y ya llego hasta cinco ;o)

Sí, creo en mí y siento mi magia, comienza a darme igual lo que piensen, ellos se la pierden. Cree en la magia y se abrirán nuevos caminos que te hagan llegar a mi Moncayo.




"Mira el Moncayo azul y blanco, dame tu mano y paseemos"