domingo, 26 de junio de 2011

Cueva Honda

Imagen: www.federacionaragonesaespeleologia.com

Ubicada en el término municipal de Calcena, la cueva Honda es muy amplia y tiene varias cavidades. Está situada junto a la carretera local A-2304, entre Calcena y Oseja. En el interior se han formado estalagtitas y estalagmitas, algunas juntándose en columnas. En la prehistoria se utilizó como cueva sepulcral, en ella se han encontrado "materiales de época neolítica (una cerámica con asa de túnel y fondo cónico) y eneolítica (restos humanos acompañados de cerámica campaniforme)" (GEA).

Para llegar, partiremos de Calcena por la carretera a Purujosa y al llegar al desvío de la carretera de Oseja se cruza el puente sobre el Isuela, pasaremos junto al manantial de la fuente de la Ujosa y la ermita de San Roque y  andaremos por una impresionante garganta, muy pronto veremos a nuestra izquierda la abertura de la cueva Honda, un sendero que parte junto a uno de los puentes de la carretera nos acercará hasta la entrada donde veréis un murete de piedra que los pastores utilizaban para encerrar el ganado.

De destacar las diversas especies de murciélagos que la habitan: murciélago grande de herradura (Rhinolophus ferrumequinum), murciélago pequeño de herradura (Rinolophus hipposideros), murciélago de cueva (Miniopterus schreibersi) y murciélago de borde claro (Pipistrellus kuhli). Se recomienda evitar visitar la cueva en épocas de cría (mayo-junio).

Después de toda esta teoría te invito a visitar la cueva, adelante, pulsa en el siguiente enlace pero shhh... no hagas ruido para no molestar a los murciélagos : http://aragon360grados.260mb.com/calcena1/calcena1.html


jueves, 23 de junio de 2011

BURREN. Parque Arqueológico/Natural I Edad del Hierro (2ª parte)


Uf, ya estamos en verano y no acabo de soltar lastre pero ya ilusiona pensar en las vacaciones y en tener más tiempo para dedicar al "Encanto del Moncayo" . Tenemos la carpeta "pendientes" a rebosar de muchas de nuestras últimas escapadas primaverales y la de "proximamente" echando humo de todo lo que se está cocinando en ella para este verano.

De momento, quiero llevarte a un lugar mágico del Campo de Borja del que ya te he hablado en una entrada anterior pero donde tenía pendientes un par de cosillas que visitar, se trata del arqueódromo de Burren en Fréscano. La primera vez que visitamos este parque natural y cultural no pudimos subir al mirador porque hacía demasiado calor para ello - creo que era agosto - así que volvimos en abril durante la I Jornada de Puertas Abiertas y Arqueometalurgia de Burren y pudimos asistir a una de las visitas guiadas que se organizaron ese día. Aprendimos muchas cosas de los "mañicos" que habían vivido en estas tierras durante la I Edad del Hierro, habitando en los cerros que se elevan junto al río Huecha por aquel entonces mucho mas caudaloso.  El Moncayo al fondo del valle les proveía del mineral que necesitaban. Mediante la técnica del soplado con una caña y una tobera de barro en su punta, unos arqueólogos nos mostraron como los pobladores del yacimiento extraían el cobre del mineral. Recubrieron con brasas una vasija de barro llena de malaquita triturada y tras varias horas soplando en el interior de las brasas consiguieron extraer unas preciosas bolitas de cobre rodeadas de escoria negra.



Al fin pude entrar en la reproducción de la vivienda que allí se encuentra, ambientada para la ocasión, donde asistimos a una interesante explicación sobre ella y las reproducciones de objetos encontradas en los yacimientos, colocados en el lugar que les correspondía dentro de la casa. De eso no os pongo fotos porque me embobo con las explicaciones y porque es mejor que lo veáis en directo, ya que las diferentes zonas del interior se van iluminando poco a poco según se van descubriendo hasta que al final la habitación queda completamente iluminada e incluso puedes recorrerla.



Pero lo que más me apetecía era subir a lo alto de una de las "dos teticas" por una senda natural que sube a un mirador, aprovechando las canalizaciones del primer proyecto de canal de elevación de aguas de España diseñado por Aureliano Armingol, natural de Fréscano, éste se materializó en el Canal de Lodosa que finaliza en Frescano y que posibilita el regadío de los campos de tierras de secano. Fue toda una experiencia para los niños ya que se pasaba por un túnel que sufrieron nuestros riñones pues los mayores teníamos que agacharnos para atravesarlo y aún se hace largo pensando en las telarañas que rozaban nuestras cabezas, ¡¡ayyy!! Pero valió la pena ya que desde lo alto del Burren hay una magnífico paisaje que se pierde en el horizonte, todo el valle de la  Huecha nos rodeaba. Desde allí arriba el guía arqueólogo nos contó como era aquel valle en la época de estos poblados y donde se encontraban los cerros con otros yacimientos: Morredon, el Cabezo de la Cruz, San Gil... Muy pero que muy interesante.



Tras acabar la visita guiada fuimos invitados a comer unas exquisitas migas bajo la sombra de los árboles que ordenó plantar el anterior alcalde, una persona encantadora con la que tuvimos el placer de charlar un buen rato y padre del actual alcalde, impulsor del parque, al que ya conocimos en nuestra anterior visita y al que pudimos saludar de nuevo. ¡Bravo José Mari! cuando las personas creen en los sueños se hacen realidad. Hasta la próxima.

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jueves, 9 de junio de 2011

Itinerario botánico: Agramonte - Fuente de la Teja

Parque Natural del Moncayo, ¿vienes?

Volamos desde nuestra ventana al paisaje que contemplamos de la montaña para invitarte a conocer una pequeña representación de los diferentes bosques que pueblan su ladera norte. Este va a ser un viaje corto, pero muy intenso, por un pequeño sendero que partiendo de Agramonte nos conduce a uno de los lugares más mágicos del Moncayo, el hayedo de la Fuente de la Teja. Antes pasaremos bajo las ramas de muchos otros árboles de esta catedral natural. Aún con la primavera ya finalizando te espera una bonita excursión, unas semanas antes seguramente una explosión floral hubiera alegrado el sendero pero no temas, las diferentes estaciones te depararán nuevas sorpresas.

El camino comienza un poco antes de llegar al centro de interpretación de Agramonte, está señalizado bastante bien, únicamente tienes que seguir la dirección exacta que marcan las señales (Sendero AG2) para no confundirte con algún otro sendero también señalizado. Comenzamos nuestro paseo por mi bosque favorito, el simpático robledal, me encantan las hojas lobuladas del roble rebollo al que esta primavera le ha sentado estupendamente. Estos árboles acogen a otras especies botánicas, en principio señalizadas con pequeños carteles.

Abandonamos el rebollo al llegar a la pista que sube al santuario para entrar en el "egoísta" pero espectacular hayedo, aquí el sendero se complica con niños ya que es resbaladizo e inclinado por lo que si son muy pequeños es mejor continuar por la pista asfaltada hasta la fuente y desde ella contemplar este hayedo. Las hayas no nos lo ponen fácil, sus ramas extendidas acaparan el sol y sólo el musgo parece poder crecer bajo ellas, sus raíces enganchan nuestros pies y las ramas caen sobre el camino, aún así en pocos minutos llegamos a la fuente de la Teja. No hay mucha gente estos días por el parque, así que tenemos el lugar casi para nosotros solos.

El sendero retorna bajando por la pista asfaltada hasta llegar al cruce donde abandonábamos el robledal, al que entramos de nuevo para desviarnos en un par de metros a la izquierda, vamos a conocer el "singular" abedular del Moncayo. Esta especie es más propia del norte pero aquí, gracias a los manantiales, encuentra la humedad necesaria para sobrevivir. Si el haya te pareció elegante, el abedul no se queda atrás, este árbol sagrado para los celtas crea un nuevo entorno encantador que recorreremos hasta llegar de nuevo a Agramonte donde el imponente pino rojo nos dará la sombra necesaria para descansar y tomar un pequeño refrigerio en la terraza del restaurante.

De apenas una hora de duración pero muy instructivo y recomendable de realizar en las diferentes estaciones. El bosque está vivo, nosotros lo vemos y disfrutamos desde Villa Encanto pero pasear bajo estos enormes árboles es una autentica gozada, ¿a qué esperas para venir?




martes, 7 de junio de 2011

Al-Qala, si yo pudiera...

Vistas del Moncayo desde la muralla de Alcalá.

“Espigas de oro alegran la vista a la montaña pero mi morada recubierta de espesa hiedra sigue en silencio, nadie la visita ya. Hubo un tiempo que yo y mis sucesores  regíamos la vida de la que fue llamada Al-Qala, muy mal debimos cuidar sus almas pues nos han olvidado. Los muros del castillo les protegieron en tiempos difíciles pero ahora ya no los necesitan y guardan sus diezmos bajo el colchón sin cuidar las murallas, ni mi morada… Sí, aquí moré y por lo que queda de ella vago desde que el abad de Veruela me envío a esta villa. Mi viejo hábito esta raído y el viento enfría mi maltrecho espíritu pero tengo que proteger la vieja iglesia. Estas piedras amontonadas no importan ya a nadie, ni siquiera al obispo que impidió a algunos vecinos darle uso nuevo. Hace unos días tiraron la casa del horno dejando un triste solar al que temo mirar. Pero… alguien viene…”

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Entro con Mariluz en la llamada casa del cura, abandonada me cuenta, desde allí se accede a la preciosa torre de la muralla que asoma al valle. Hubo un tiempo que el barrio alto de Alcalá de Moncayo fue el recinto amurallado de un castillo desde cuyos alcaides, monjes de Veruela, gobernaban la nueva villa que tomó el nombre del monte en que se encontraban, “Al-Qala: el castillo”.

Donde muchos ven las ruinas de la casa parroquial, yo veo un edificio lleno de posibilidades ya que sus vigas están sanas y hay partes recuperadas en un fracasado intento por parte del anterior alcalde, frustrado por el arzobispado de Tarazona. La escalera que sube al piso de arriba me lleva a la torre desde donde puedo admirar las vistas de la montaña, mi mirada se dirige hacia ella por inercia pero mi alada amiga me recuerda que si giro la cabeza puedo ver también el monasterio de Veruela al otro lado del valle. Me pregunto como es posible que este edificio se encuentre en tan lamentable estado; de habitaciones amplias y generosa escalera sería un buen lugar para exposiciones y eventos, el principal de ellos contemplar el valle que antaño protegió. Pero, parece ser que otros no piensan lo mismo y prefieren que la hiedra que recubre gran parte de sus muros sea la única que habite sus dependencias cuando se abran al cielo. Si yo pudiera...

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"Ella tampoco puede verme, su mirada me atraviesa y reconoce a su montaña. Su admiración por lo que ve es grande pero noto cierta tristeza, parece intuirme. Hay esperanza, oigo sus pensamientos, si ella pudiera…"