domingo, 17 de enero de 2010

Desde el corazón: descubre mi Moncayo.

Por lo que me he encontrado en foros y blogs, muchos de nuestros visitantes conocieron las Tierras del Moncayo durante la celebración de la Expo. La larga sombra de los Pirineos impide que nuestra montaña mágica expanda todo su poder pero, en la búsqueda de alojamientos por la provincia, muchos la descubrieron y sintieron su atracción. Encontraron un entorno natural no sobre- explotado turísticamente, restos de cautivadoras culturas , monumentos mágicos, un ambiente rural puro y sobre todo encontraron gente llana, aún no escarmentada por avalanchas de visitantes que no son conscientes de la destructiva huella que las multitudes no concienzadas dejan en un entorno virgen.

Quiero que estas Tierras que tanto amo sean conocidas y valoradas pero temo que, aunque conozco la poderosa lucha de la montaña por no ser domada, este paraíso claudique a las hordas y su encanto desaparezca.

Es el centro de mi universo, desde su cumbre diviso el resto del mundo. Al Norte se encuentra Navarra, la región que me vio nacer hace hoy 40 años justos, en el Este me ha criado mi "amante" Aragón, en el sur vivieron mis antepasados y el oeste estoy deseando descubrirlo.

Su aire recoge mis pensamientos y los ordena, cuando el viento sopla con fuerza también los tambalea y siento que me dice: ¡espabila, muévete! Amo a su gente, he aprendido de ellos a valorar la sencillez , he sentido cariño de desconocidos, he aprendido la palabra "amante" en su matiz de pureza.

El invierno es duro y solitario en estas Tierras. En las entrañas de la montaña se prepara la poción para que, cuando llegue la primavera, miles de colores cautiven a los nuevos incautos que fijen la vista en su paisaje, durante unos breves momentos, y nunca más logren olvidar aquella imagen... La mía fue el verde de los campos llegando a Vera de Moncayo, un día donde nublados pensamientos me tenían paralizada y que esta imagen neutralizó inmediatamente. El calor del verano ralentiza y alarga los minutos pero el frescor de sus noches te devuelve la vida. Y la belleza de su otoño es indescriptible, por mucho que os contara no podría describirosla, eso vais a tener que verlo.

El Moncayo puede ser un carril de freno en una vida desbocada y vacía donde se aspira mas que respira. Todos tenemos que descubrir nuestro propio Moncayo, el lugar que nos hace sentir seguros de lo que somos y lo que tenemos. Te invito a descubrir mi Moncayo pero por favor respeta sus encantos y cuando lo abandones déjalo como lo encontraste.

Cartas desde mi Villa ;o)

4 comentarios:

  1. Buena parte de tus palabras las haría mías. Gracias por reflejar tan bien lo que se siente cuando vives en estas tierras.Fernando, de Alguacilelquez.

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  2. Yo sé que tú sabes muy bien de lo que hablo ;o)
    Saludos y recuerdos a los alberitanos!!

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  3. Sabes me gusta saber que hay gente tan enamorada de mi moncayo como yo,, y con la suerte que tengo de saber ver lo que no se puede explicar con palabras..hay que vivirlo..que respirarlo,,,que olerlo ,sentirlo,,quererlo..

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  4. Gracias Patricia, me alegro mucho de que tú también hayas encontrado "tu Moncayo".
    Un abrazo!!

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