miércoles, 30 de mayo de 2012

Un fantástico viaje.

Tal como lo imaginé, junto a un enorme castaño de indias estaba el pequeño túnel... Ahora tocaba decidir si descargaba la pesada mochila y cruzaba al otro lado, porque sólo allí lo imaginado se haría realidad. Finalmente, subí las escaleras de piedra tan rápido como pude, antes de que el tupido verde me atrapara y se cerrara el túnel...

Alrededores de la central hidroeléctrica de Morca (Parque Natural del Moncayo)
Comarca de Tarazona y el Moncayo.

Al llegar arriba frené asustada, parecía no haber salida, un precipicio se abría a mis pies. Con fe eché un pie al aire y caminé...



Barrancos de Purujosa en el Parque Natural del Moncayo.
Comarca del Aranda.

Mi confianza en no caer era grande, pero no había caminos invisibles que la imaginación dicen que crea, la fe tampoco fue suficiente y caí... Un lecho de hojas me recogió, la magia seguía funcionando y no me sorprendió estar en un profundo bosque. Cerca sonaba agua, unas risueñas y pequeñas cascadas me invitaban a seguir el curso de su riachuelo...



Hayedo del Moncayo Soriano.
Tierra de Ágreda.

El sonido del agua se hizo más audible, era absolutamente gratificante a los oídos, aún así me sentí inquieta. Con los nervios de punta, di unos pasos hacia atrás, me invadía algo extraño, el cual llegó a su máxima expresión, cuando divisé entre los retorcidos árboles del bosque una densa niebla que avanzaba hacia mi, el mal siempre acecha. Rápido me refugié bajo las raíces de un gran haya y permanecí agazapada esperando que se alejaran aquellos seres sin espíritu que conozco bien y que buscan atraparme.

Un fresco susurro en mi nuca me hizo mirar atrás. El agujero donde me había escondido era la estrecha entrada a una gruta; no tenía tiempo de pedir al cuento vecino licor de mermelada de cerezas y galletas "cómeme" que me proporcionaran el tamaño adecuado para no quedar atascada; así que, como pude, entré en su interior mucho más amplio, allí una sombra femenina envuelta en velos me guió a una salida segura. Una vez fuera, embriagada por un fuerte aroma a tomillo, subí por las laderas de un profunda sima cuyas inclinadas paredes formaban un anfiteatro natural. Me estaban esperando, no podía llegar tarde.


Hoya de la mora encantada (Bulbuente)
Comarca de Campo de Borja.

Caía la tarde y el astro rey bajaba de un cielo en llamas a refugiarse tras la montaña… Al momento se abrió la puerta que comunica la Tierra con las remotas estrellas cada vez que nos brindan su visita… ¡¡Qué grandioso espectáculo!! Absolutamente anonadada, alterada, medio incrédula por el estupor, volvía a preguntar con vacilante voz: ¿Qué criaturas son? Ya veo... son criaturas de luz que caen sobre la tierra, señalándome el lugar que busco y que así describió el poeta: “Sobre una escalinata formada de grandes sillares de granito por entre cuyas hendiduras nacen y se enroscan los tallos de las flores trepadoras, se levanta gentil, artística y alta, casi como los árboles, una cruz de mármol que, merced a su color, es conocida en estas cercanías por la Cruz Negra de Veruela.”


Moncayo unido.

Negra como la cruz era la noche, la luz de una fonda cercana me traía sonidos de espíritus alegres, eran los cantos, chachara y alegría de los amigos que conocí en mis sueños y que allí me esperaban para recorrer de nuevo, juntos, otros bellos caminos que descubrirte. Y aunque pueda parecertelo este no es el final del cuento, sólo el principio de nuevas aventuras siempre estupendamente acompañada. Todos los caminos llevan al Moncayo, síguelos.

Texto: Rocío Herrera
            Pedro Cardiel Uceda

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