martes, 4 de septiembre de 2012

No puede ser...

Un agujero negro ha engullido el color del paisaje, remolinos de ceniza intentan atraparnos pero escapamos buscando los tesoros escondidos que allí dejé. No están... no puede ser...

Valjunquera, La Serna, Canteque, Valle Hermoso... Sólo hay negrura y un horizonte sin esperanza... no puede ser...


Negro horizonte.


Volamos a las alturas y desde el collado de Valdelubia contemplamos por donde llegó aquel fuego. Las encinas que nos separan de Trasmón Alto y Trasmón Bajo son un ejército de fantasmas. Nadie las defendió, no llegaron a tiempo... Lucían bellas con sus ramas bien podadas y seguro miraban al camino para ver si la ayuda llegaba. No pudo ser...
 

Por los montes de enfrente entró el fuego en el municipio de Talamantes.
Una ancha pista forestal por si sola no pudo frenarlo, la zona era muy accesible.
 
Nos vamos a la zona protegida, parque natural le llaman, pero la cadena quemada tampoco frenó las llamas. En el puntal de Valdeimperio el viento nos empuja al vacío. Abajo, Talamantes se encuentra escondido en un espejismo de color, rodeado de silencio.


Talamantes desde el Puntal del Valdeimperio.


Ascendemos a la Tonda y nos asomamos a Valdeplata que ya no brilla, sus zarzas ya no impiden el paso, sólo hay vacío pero levantamos la vista y sonreímos. Allí arriba el cierzo ha soplado y ha espantado al lobo rojo, allí hay color: pequeñas florecillas lilas iluminan el prado quemado. Al fin salimos del planeta negro y descubrimos las cárcavas multicolor.


Barranco de Valdeplata

Cárcavas de colores.

 
Las peñas Albas y la peña de los Moros, castillos de roca,  ayudadas por el cierzo expulsaron al fuego de sus dominios; también las peñas de Herrera que tanto nos preocuparon siguen allí, un poco chamuscadas y con cicatrices de la lucha pero VIVEN y conservan gran parte de sus tesoros.

Peñas de Herrera con las grandes cimas detrás.

Peña de los Moros.


Los pinares del Valdetreviño tampoco son sombras de la dimensión oscura, entre sus altos árboles regresamos a Talamantes, tristes pero esperanzados. Una pequeña flor nos llenó de felicidad y luego otra, y otra, y todo un corro de ellas. En los dramas florecen los valientes y despiertan los dormidos, tienen que hacerlo... no puede ser que el mundo les olvide y mis tesoros se pierdan para siempre. ¡NO PUEDE SER!
 

Quitameriendas o espantaveraneantes (Merendera Montana)
 

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