martes, 20 de mayo de 2014

De cuando Cesar Augusto pasó por Moncayo

La cabeza de Minerva Médica se puede ver estos días en Tarazona, lugar donde se encontró,
con motivo de la celebración del Año de Augusto

¡Uf! Pero como puedo llevar tanto tiempo sin asomarme por aquí. ¡Esto no me los permitas! ¿Acaso no me echabas de menos?

Sí, sí, ya sé... las redes y una vida social muy ajetreada me tienen atrapada. ¡Con el montón de aventuras que tengo que contarte! La cosa es que yo pasaba por aquí para decirte que estos días ando mucho por Tarazona, la culpa la tiene un buen amigo que me lanza unos cebos muy golosos para que vaya a su ciudad del alma. Ya te iré contando, si puedo y me dejan, porque hoy vengo a hablarte de como un todo poderoso Cesar de Roma pasó por el Moncayo.

Se cuenta que en el año 25 a.C el emperador Cesar Augusto sufría de misteriosas dolencias que sólo un médico, Antonio Musa, pudo curar. ¿A que no sabes cómo? Pues, ¡con las frías aguas del Moncayo! ¿Con qué si no? Le recomendó las aguas que manaban de una fuente milagrosa en Turiaso (Tarazona). Los baños de este balneario sagrado dedicado a la diosa Minerva Médica lo curaron en  poco tiempo de su enfermedad. Curiosamente los baños fríos que sanaron al emperador mataron al joven Marcelo, sobrino, yerno e hijo adoptivo de Augusto:

"V. 3.º Musa... Antonio Musa, médico de Augusto, tuvo la fortuna de curar con unos baños fríos a este príncipe que se hallaba ya desauciado de todo los médicos; pero al cabo de seis meses mató con el mismo remedio al jóven Marcelo, sobrino, yerno e hijo adoptivo de Augusto. A pesar de que este suceo desacreditó mucho el ponderado remedio de Musa, todavía continuó éste colmado de distinciones y riquezas, gozando de gran reputación, y haciendo disfrutar a su facultad de una parte de los honores que él había debido a la casualidad de curar al jefe del estado"

Las poesias de Horacio

Digo yo... que las aguas del sobrino no serían del Moncayo...Cuentan las malas lenguas que el emperador no estaba realmente enfermo sino cansado de batallar. ¡Mucha envidia! ¡Eso es lo que hay! ¡Qué no hay manera de que dejen a un@ disfrutar del Moncayo en paz!

Aunque la historia se conocía, nadie ubicaba el lugar hasta que durante unas excavaciones en el patio del Colegio Nacional Allué Salvador, hoy Joaquín Costa,  aparecieron restos romanos.  Entre  ellos estaba la cabeza de un exvoto del emperador. Los exvotos eran ofrendas, que podían ser figurillas representando al personaje que la hacía, y que se dejaban en un lugar sagrado como petición o agradecimiento por un don o sanación. En este caso, la encontraron en una fuente o piscina en forma de cruz situada en el complejo médico que se descubrió en las excavaciones arqueológicas realizadas y que lamentablemente hoy en día están cubiertas de nuevo por la tierra. Quizás, si se hubieran podido rescatar, hoy estaríamos tirando monedas en sus aguas como a un pozo de los deseos, prometiendo volver por estas tierras a los visitantes que lo hicieran.

La "Cabeza de Augusto" en Carneola encontrada en
Tarazona protagoniza el cartel de  la conmemoración
de los 2000 años de la muerte del Cesar

El exvoto del emperador se encuentra en el Museo Provincial de Zaragoza, pero estos días tenemos la oportunidad de poder visitar la exposición temporal "El descubrimiento de Turiaso por Augusto", organizada por el Museo de Zaragoza, el Ayuntamiento de Tarazona y el Centro de Estudios Turiasonenses, que se puede visitar desde el 18 de mayo en la Exposición Permanente "Arqueología del Moncayo", en los Bajos del Palacio Episcopal de Tarazona.

El horario de apertura será viernes y sábados de 18:30 a 20:30 h., y domingos y festivos de 12 a 14 h.
La entrada es libre y gratuita.




Estuve en la presentación de dicha exposición el pasado sábado, 17 de mayo. No lo vi allí, ni se le mencionó, pero me acordé mucho de como Javier Bona contaba lo que significó para él aquel descubrimiento cuando era sólo un jovencito; años después tuvo mucho que ver con la arqueología de esta comarca y con el Centro de Estudios Turiasonenses, que ese día presentaba el acto y tres publicaciones. Afortunadamente, estaba el director del Museo Provincial, Miguel Beltrán, un señor encantador que estaba deseando contarnos lo que allí se exponía y como vivió aquel descubrimiento, uno de los más importantes de su vida como arqueólogo. Me hubiera quedado horas escuchándole pero... son muy cortos mis días en el Moncayo y me esperaban en otro lugar.

Me fui de allí pensando en el silencio de los siglos y de las personas que por allí pasaron y que el "tupido" velo del tiempo oculta...¡Qué triste es el olvido! Yo, pecadora, espero aburrir mucho a los que en él me quieran enterrar. Continuará...




4 comentarios:

  1. Historia y Moncayo. Dos de mis pasiones unidas. Que más se puede pedir...
    Abrazos.

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  2. Algún día se podría excavar en la finca vecina al Joaquín Costa, la estación de autobuses, donde me juego una cena contigo a que hay más restos. Estamos cerca del Campo de Diana (Cuesta de la Rudiana), donde habrá más vestigios. Guardo una foto de Augusto desenfocada que la enmarcó mi padre(+) con orgullo. A ver si cargamos bien las pilas, que tienes el blog abandonáo. Haz una parada en el Repolo (Sí RUS APOLLO, campo de Apolo) para ver una columna solitaria que mira insolente al que sube a Moncayo.

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    1. Jajaja, ¡menos mal que alguien me echa de menos! Iré al Repolo a buscar esa columna, ¡gracias! Me ocuparé más del blog, claro que sí.
      Un besote.

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