lunes, 1 de junio de 2009

Ayer el Moncayo estaba contento...

Ayer fue una de aquellas tardes inolvidables. De nuevo sentía aquella sensación que me enganchó al Moncayo. Era una tarde de primavera con una temperatura maravillosa, daba gusto respirar aquel aire que sólo allí puedes encontrar y que acaricia tu interior sintiendo como poco a poco lo recorre. No ha salido aún y ya estás deseando inhalarlo de nuevo y saborear su mágico aroma.

No es difícil comprender porque a lo largo de los siglos el Moncayo ha sido lugar de sanación de cuerpos enfermos y almas torturadas, su aire te da vida y puedes sentirlo así. Al volver con pena a la ciudad, contemplaba por la ventanilla como las gentes de los pueblos por los que pasaba llenaban sus calles. Era como si todos se hubieran puesto de acuerdo en salir a la vez, la montaña les llamaba y ellos la conocían bien.

Cuando el Moncayo se enfada todo es diferente. La encantadora brisa que tanto disfruto se transforma en un viento huracanado y alocado que parece querer barrer los males que le incomodan. Es entonces cuando puedes llegar a ver toda la fuerza y el poder de la montaña mágica, como si fuera un ataque de locura que parece no poder controlar.

Afortunadamente se enfada poco, no quiero asustarte. Pero ayer el Moncayo estaba contento… y me transmitió su fuerza haciéndome sentir capaz de realizar todo aquello que me propusiera. Incluso de atreverme a escribir estas letras… y de tener más ganas de continuar.


Cartas desde mi villa ;o)

4 comentarios:

  1. Precioso Rocío, esa es la magia y la fuerza que hace que lo ames y que ese amor lo transmitas a todos, asi fue como llegaste a mi corazón!!!
    Un beso
    Diana

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  2. Vamos subiendo escalones en la rampa de la vida, vamos ganando fuerza con la ilusión del trabajo bien hecho, algo nos guía y nos llama día a día, a ti hacia el Moncayo a mí hacia el río. No hay momento del día en el que no sienta su energía, su llamada, que transmite paz sosiego y ante todo serenidad.
    Gracias Rocío, porque al leer tu sentimiento despiertas el mío, tu con tu montaña, yo con mi río.

    Jaime Ascaso. Caralebro.

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  3. Gracias a tí Jaime, yo también sentí la llamada de tu río pero de momento me hago la sorda, que bastante tengo con la montañita.

    Besos.

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