lunes, 7 de septiembre de 2009

De vuelta a nuestra villa.

Tras un agotador y calurosísimo verano nos merecíamos un fin de semana en Villa Encanto, ¡qué ya tenia ganas! Nuestros visitantes nos han cuidado muy bien la casa pero ya iba tocando.

Hemos tenido tiempo de relajarnos, refrescar mentes y cuerpos con los aires del Moncayo e incluso hemos turisteado en una corta pero intensa visita a la "Tarazona Judía". De camino hacia la capital de la comarca, una corta parada en un pueblecito llamado Lituenigo que nos ha parecido "encantador" y al que volveremos con tiempo para conocerlo mejor. En próximas entradas te cuento más sobre estas visitas y sobre las fiestas que a finales de mes se celebran en Lituénigo, declaradas de interés regional.

Se notaba que la montaña mágica nos añoraba y ha logrado retener unos nubarrones enormes en sus parte soriana para regalarnos un tiempo extraordinario. Por la noche una deslumbrante luna llena pudo brillar en un limpio cielo, coloreada de vez en cuando por hábiles nubecillas que conseguían soltarse y escapar de nuestro protector Moncayo.

El domingo un poquito de ejercicio rellenando la leñera para dar calidez al hogar cuando lleguen los fríos invernales, ha colaborado hasta el pequeño de la casa. La tarde ha pasado volando y cuando mejor se estaba, tocaba despertar de nuestra corta escapada, cargar el coche y volver a casa.

El próximo fin de semana nos lo reservamos de nuevo, si el tiempo nos lo permite seguiremos turisteando para poder contarte todo lo que allí puede admirarse. Afortunadamente, el Moncayo no puede embotellarse porque lo de explotar la riqueza natural algunos se lo toman al pie de la letra y si no, viaja al ahora maltrecho y antaño precioso Balneario de Panticosa en el Pirineo. Lamentablemente, sólo puedes vivir "el encanto del Moncayo" visitándolo y yo humildemente sólo puedo contarte lo que, cuando me dejan, visito y descubro "desde mi villa".
Cartas desde mi villa ;o)
 


Poderoso Moncayo (Septiembre 2009)

1 comentario:

  1. El Moncayo es precioso. Lo descubrí gracias a las jornadas de traducción a las que he asistido varios años en Tarazona. Menudos bosques y qué paz.
    Un saludo,
    Tanakil.

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