martes, 2 de marzo de 2010

Señales.

¿Creéis en las señales? Yo sí. Hoy llegaron a mis manos las memorias manuscritas de mi abuelo, aquel dulce y pequeño viejecito al que todos mimaban era un desconocido para mí. Su infancia fue muy dura, su madre murió en el parto y nunca pudo conocerla pero sí a una larga lista de madrastras que no le trataron bien, de hecho en plena guerra mintió en su edad para poder alistarse en el ejercito donde creía que no necesitaría robar para poder comer. ¿Sabéis? Yo hablo muy bajito y el quedó sordo en la guerra, una granada le explotó muy cerca y le destrozó los tímpanos. Para mí era complicado comunicarme con él, no me gusta gritar y su audífono no era suficiente para mi bajo tono de voz.

Una tarde de otoño me encontré casualmente con él, sentí que algo raro ocurría y se lo comenté a mi madre. Unos meses más tardes moría tras un derrame y en su dulce lecho de muerte me dijo por primera y única vez cuanto me quería. Nunca olvidaré ese día, ni tampoco sus siempre infructuosos intentos por contar chistes, se moría de risa y era imposible entenderle pero toda la familia acabábamos encanados cuando lo hacía.

Ayer también encontré uno de los primeros apuntes de mis sensaciones sobre el Moncayo, hace ya unos añitos. Voy llenando todos los papeles a mi alcance de notas que se me van ocurriendo cuando realizo otras tareas, en el autobús en papelillos de mi bolso, en la publicidad del supermercado cuando recojo la cocina, en libretitas, en el papel del reciclado... De vez en cuando las voy pasando a libretas más localizables.

Me encantaría saber escribir y comparando con aquellas primeras notas veo que voy mejorando, ahora sería incapaz de colgar aquel texto en este blog. Todo lo que me ha ocurrido estos últimos años ha sido una concatenación de elecciones rápidas basándome en posibles señales que he creído ver. Según voy consiguiendo metas voy creyendo aún más en esas señales y aprovechando las oportunidades que a su alrededor se generan, por supuesto también creo en el estudio, el trabajo y el esfuerzo. Encontrar estos manuscritos de mi abuelo y comparar la evolución de mis pobres escritos me hace plantearme nuevos retos; algún día conoceréis la historia de mi abuelo o al menos la de alguien que podría haberlo sido...

Bueno, ya tuve dos hijos, creo que escribiré un libro y lo de plantar un árbol en el Moncayo lo tengo fácil y vosotros también. La semana pasada hubo plantaciones en Grisel y este sábado serán en Trasmoz y en Alcalá. Nuevas Quercus Iles (encinas) repoblarán el somontano del Moncayo. Así que cubo y pala y "pa'l Moncayo".

Uy, de mi abuelillo andaluz a la plantación de árboles. No, si las señales las veo pero a veces los caminos por los que me llevan desparraman un poco :o).

Cartas desde mi Villa 

2 comentarios:

  1. Una dulce reflexión Rocío, muy bonita. Hace poco Pérez Reverte escribía en un artículo como él también va tomando notas en cualquier momento, en cualquier lugar, sobre cualquier soporte, porque la inspiración llega sin avisar pero también huye de manera fugaz. ¿Cuántas veces tenemos un sueño inspirador del que sin embargo recordamos solo unas pinceladas? Y lo de plantar un árbol, no hay mayor verdad: Yo he plantado unos cuantos pero guardo especial cariño a un acebo que crece junto a la fuente Genaro, al cual fotografían con sus frutos rojos y yo me siento orgulloso recordando cuando lo trasplanté de una botella de plástico, cuando apenas media un palmo. Quien me iba a decir que vería como se volvía más alto que yo. Un abrazo.

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  2. Gracias Ramiro, valoro mucho tu opinión. Me gusta mucho como escribes así que no se te ocurra dejar escapar tu inspiración y compártela más a menudo. Yo y Purujosa te lo agradeceremos mucho :o))))

    Un besote.

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