miércoles, 23 de julio de 2014

En memoria de los antiguos lavaderos del Moncayo y de aquellas mujeres que los utilizaron.



Yo no podía saber que la atracción que sobre mí ejercían aquellos lugares era por todo lo que dentro se vivió, allí se crecía, se susurraba, se reía y se sufría... Quizás a ti no, pero a mi siempre me han llamado la atención aquellos viejos lavaderos que me encuentro en los pueblos, en mejores o peores condiciones. No imaginarás la importancia que tuvieron aquellas edificaciones femeninas vetadas al hombre, porque no sólo eran un sitio de trabajo, eran también uno de los pocos puntos de encuentro en los que las mujeres de los pueblos se reunían para hablar de sus cosas mientras hacían la colada, eran lugares donde se recogía y divulgaba lo ocurrido en la zona. Allí las jóvenes se introducían en la madurez escuchando las conversaciones de las mujeres adultas y las niñas jugaban a ser mayores adquiriendo los roles de la época. No era sencillo, al contrario, era muy duro, sobre todo en invierno cuando tenían que romper el hielo para poder sumergir su ropa; la que madrugaba buscaba el mejor sitio, ya que no era igual un puesto que otro aunque nos lo pudiera parecer a los que en tiempos modernos sólo elegimos la marca de la lavadora con más botones y lucecitas.

Estas construcciones públicas surgieron en muchos países durante el siglo pasado y su uso perduró hasta la llegada del agua corriente a las casas. Anteriormente se lavaba en los ríos pero por motivos sanitarios y "morales" se decidió recoger a las mujeres en edificios cerrados donde la energía y remangamientos necesarios no mostraran más carne de la debida, alejándolas a su vez de corrientes que pudieran contaminarse con la suciedad de animales o restos de otros oficios que se realizaban en las riberas. Esto contribuyó a la socialización de las mujeres y a la transmisión de la cultura e informaciones, porque la mala fama que pudieran tener esas reuniones femeninas no es justificable, es muy curiosa la ausencia de documentos que recojan litigios o denuncias. Allí había complicidad y, aunque no te lo creas, lo que hoy en día llamamos "buen rollo", así lo confirmaron los ancianos asistentes, que afirmaban que lo único criticable era la poca blancura de la colada, por lo que aseguraban que la que no la conseguía se esperaba al final del día para lavar, cuando menos mujeres pudieran verla.

Así nos lo contaba Beatriz Gallego Muñoz, historiadora y antropóloga, durante la primera ruta de lavaderos celebrada en Ciria (Soria) gracias al Centro Cultural la Casa de la Tía Julia. Fue una actividad muy interesante y recomendable, en la que participaron activamente con sus recuerdos las mujeres mayores de Ciria, ¡y los hombres!. Yo espero poder hacer algo similar en el entorno de Villa Encanto con la colaboración por supuesto de Beatriz, poco a poco, en un futuro no muy lejano, pues son numerosos los lavaderos en los pueblos de alrededor que miramos sin ver. No es un volver atrás, ningún tiempo pasado fue mejor, se trata de que la memoria de aquellas mujeres no caiga en el olvido y valoremos en su medida lo que allí ocurría. 

Aprendí mucho sobre tipologías, usos, función social, técnicas de lavados, lavanderas, etc. Jamás pensé que el tema pudiera dar para tanto aunque ya te he mostrado alguno de esos lavaderos anteriormente. Seguiremos buscándolos para que formen parte del Encanto del Moncayo y honrar a las mujeres que los utilizaron, recogiendo sus historias para ti. ¿Tienes algún recuerdo en ellos? ¿Los sigues utilizando? Ya me contarás...

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Primeramente, nos desplazamos a Reznos para ver su lavadero.
Con Beatriz Gallego y Nuria de Casa Tía Julia a su derecha.

,El lavadero de Reznos se dividía en dos zonas, una para enjabonar y otra para aclarar.

Lavadero de Ciria

2 comentarios:

  1. Recuerdo con nostalgia el lavadero de San Juan, en Tarazona. Aún quedaron dos zonas donde todavía se lavaba hasta hace treinta años.

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    1. Mira: http://tiriasona.blogspot.com.es/2014/03/lavadero-de-san-juan.html

      Saludicos.

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