Esperando al otoño.
Las nubes bajan por las laderas cubriendo el hayedo, los seres que lo habitan estarán buscando refugio. Los niños también regresan de coger moras, oigo sus risas, parecen llegar contentos con el dulzor de las frutas aún en su boca. El pequeño entra refunfuñando, una nube de moscas le perseguía con la bicicleta, está todo colorado y con perlas de sudor en su pelo. No puedo evitar reírme - ya veo que has disfrutado mucho- le digo.
Color, olor y sabor … y llega el sonido del viento y agita los colores de mi paisaje. Así es mi Moncayo… no es un cuadro, es una imagen viva que te hace sentir y que hermana, padre Moncayo… ¡Cuánta buena gente he conocido aquí en mi villa! ¡cuántos lazos se crean y cuantos nudos se deshacen!
Cada vez me cuesta más escapar y romper el Encanto, solo pienso en regresar y quizás algún día no tener que pensar en cuando volver, porque ya sin nudos este será nuestro hogar.
Desde mi ventana, barruntando el otoño. |
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