miércoles, 5 de marzo de 2014

Hasta donde una cúpula te puede llevar.


Yo sólo quería contarte una anécdota pero me dejé llevar...

Ya sabes cuanto me gusta viajar en el tiempo cuando la imaginación, el lugar y el momento me lo permiten. Olvidamos tan fácil, que llegamos a pensar que antes de lo nuestro no hubo nada y situamos dimensiones paralelas en el tiempo en otros espacios, sin saber que un día ocuparon el nuestro.

Es por ello curioso, y a veces penoso, tener que descubrir en otras épocas el esplendor de lugares que en la actualidad etiquetamos como rurales. No quiero tampoco que nadie se moleste, las comparaciones siempre son odiosas y esas dimensiones están tan ocultas que es complicado llegar a imaginar lo que fueron e imposible explicar porque dejaron de serlo.

Existen en nuestro territorio lugares que como faros atraen mi curiosidad, puede ser una leyenda, una anécdota o una fuerte impresión al conocerlos lo que me dice que allí puedo encontrar la puerta que me haga desplazarme a un pasado muy diferente de lo que se es consciente.



Una tarde heladora busqué la torre que llena de heridas veía destacar sobre las casas de Ambel, no era la de la iglesia Parroquial, sino la de una ermita en el centro de un pueblo que aquella vez no pude visitar pero que me hizo sentir desasosiego, una torre mudéjar en muy malas condiciones, una puerta sellada y un aire que parecía querer echarme. Y me fui...


Pero volví tiempo después. Un amigo me quiso enseñar algunos lugares de su pueblo, Ambel. Visitamos, el Palacio Conventual de Ambel de propiedad privada, su iglesia parroquial que en esos días andaban reformando, descubrimos lo que en otros tiempos fueron palacios y casas nobles y terminamos en aquella ermita, pero ese día hacía sol y teníamos la llave para entrar.



Su interior me sorprendió, era muy bello y allí estaba aquella elegante cúpula que se derrumbó en 1777, al poco de construirse, así se lo descubrí al ambelero que me la enseñó, monstrándole los ladrillos rotos del suelo ocultos por una alfombra, que quedaron como testimonio de aquello, su cara de asombro fue para no olvidarla. Aquel día no hice apenas fotografías porque en ocasiones así me impregno de sensaciones y no tengo paciencia para máquinas, luego me pena pero habrá más oportunidades.




No te voy a contar tecnicismos y mil datos que puedes encontrar en enciclopedias, yo no. Pero te voy a contar que la puerta cegada y la torre maltrecha de la ermita de Nuestra Señora del Rosario de Ambel me hicieron viajar mucho más lejos de aquel 1778 que aparecía escrito en la cúpula bajo la inscripción "Xavyer abad me fecyt" (él que la reconstruyó, al parecer). Aquella torre mudéjar revelaba quienes fueron los primeros habitantes de Ambel , árabes que tenían allí su mezquita, lo que explica la orientación de su primera puerta. Tras la reconquista, la nueva población cristiana la transformó en uno de sus templos, ocupó su castillo y desplazó a los moriscos a otro barrio donde edificaron una segunda mezquita que utilizaron hasta que fueron obligados a convertirse.

La mezquita se hizo templo, la morería pasó a ser barrio de San Juan y nadie recuerda el tiempo de los moros, parece ser cosa de leyendas. Pero no, allí vivieron, yo los intuyo y algún día recuperaremos su memoria y trovaremos sus historias como realidades que fueron, quitando la losa de cemento que cubre el pasado y no nos permite avanzar.


3 comentarios:

  1. Ahora están reformando la torre de la ermita...así que te invitamos cuando este terminada y haces todas esas fotos que te faltaron ese día..Gracias por dar a conocer mas nuestro pueblo..me encanta tu blog,. soy una fiel seguidora y gracias a ti he descubierto muchas cosas de mi comarca que no sabia ni que estaban, cuanto me queda por ver,,Gracias ,Tere

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    1. Fantástico Tere, que buena noticia :) Hace ya unos meses que no paso por Ambel, estoy deseando volver para hacer esas fotografías.
      Tenéis una patrimonio cultural y natural inmenso que ya veo que poco a poco se va recuperando, me queda muchísimo que aprender y contar de vuestro pueblo.
      Un abrazo!

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  2. El Moncayo tiene un alma mudéjar. Me acuerdo de aquella canción de Carmen París:
    "Zaragoza la romana,
    mora de la morería,
    cristiana y también judía,
    música de muchas gentes
    trepando por mis balcones,
    mezclada en la algarabía,
    para ti, mi inspiración."

    Un abrazo.

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