martes, 26 de mayo de 2015

¿Se ve el Cantábrico desde el Moncayo?

Cumbre del Moncayo.

En mis expediciones moncaínas por Internet me encuentro algún que otro tesoro que hoy quiero compartir contigo. Hubo genios antes que nosotros que investigaron los encantos del Moncayo. En esta ocasión te presento al Padre Longinos Navas, jesuita que paró por Veruela descubriendo huellas de dinosaurios moncaínos y cuevas misteriosas, además de nuevas especies de insectos y plantas que moran esta sierra.

¡Ah! Si quieres conocer la respuesta a la pregunta del título de este nuevo post, lee y sabrás si el Cantábrico se ve o no desde el Moncayo:



MONCAYO

Por Longinos Navas.


EL NOMBRE

"No es de mi incumbencia investigar las etimologías que se han dado de este nombre, que representa uno de los montes más típicos de nuestra Península. Bástame dar la más obvia y que se ha venido señalando de, Mons canus, monte cano. Así parece apuntarlo Marcial, en los versos de oro con que lo señala:

Videbis altam, Liciniane, Bilbilim
Aquis et armis nobilem,
Senemque Caunum nivibus...

que yo me permito traducir así:

Liciniano, verás la excelsa Bílbilis
Ilustre en aguas y armas,
y el Moncayo canoso con sus nieves,
Viejo que al cielo se alza.

Efectivamente, mirado el Moncayo desde los llanos de Aragón y Navarra a muchas leguas a la redonda, aparece casi todo el año cubierta la cumbre de blanca nieve, cual anciano que muestra a sus hijos su cabeza coronada de venerables canas. Pero en un día de invierno y después de una fuerte nevada que ha tendido el blanco manto hasta los humildes valles, visto desde los valles de Veruela su figura de coloso que toca el cielo con su frente es por demás magnífica y encantadora.


Monasterio de Veruela y Moncayo nevado.



PERSONALIDAD DEL MONCAYO

Contemplado el Moncayo desde Aragón, donde el suelo es más bajo que en la meseta de Castilla, se ve como un monte majestuoso y casi aislado, con su ondulado lomo orientado casi de norte a sur; por la parte septentrional visiblemente desligado de otros montes de menos importancia; por la parte meridional separado de los picos de Herrera, por medio de los cuales se enlaza con la cordillera ibérica.


Peñas de Herrera

Con esto ofrece una fisonomía particular y única por esta parte, no confundible con ningún otro monte, bien así como el Montserrat de Cataluña, que tampoco tiene semejante. Pero el Moncayo es más majestuoso, más excelso de figura y de contorno mucho más sencillo.

Si nos fuera lícito hablar así y hacer la semblanza de ambos, diríamos que el Montserrat en su figura es más gracioso y aun caprichoso, el Moncayo más imponente, y sencillamente sublime. Este aspecto, sin embargo, no es tan marcado por la parte de Castilla , de suelo más elevado y montañoso.


Moncayo desde Ólvega (Soria).



ASPECTO PANORÁMICO DEL MONCAYO

Verifiquemos una ascensión a la cumbre del Moncayo, siempre por la parte de Aragón, para gozar los panoramas sin igual que desde su ladera y cumbre se contemplan. Innumerables veces he realizado estas ascensiones por diferentes lados y de diferentes distancias, ya desde Veruela ya desde el Santuario de Nuestra Señora de la Peña Negra, siempre con nuevos encantos.

1.º En ninguna parte como en el Moncayo he visto el espectáculo de grandeza tan magnífico que se nos ofrece ante los ojos.

Ya desde el santuario de Nuestra Señora del Moncayo (unos 1.600 m.) dirigiendo la vista a los valles aragoneses se nos presentan los serrijones y montes que yacen allá abajo, como sencillas arrugas del suelo, y todo el conjunto como una inmensa alfombra tendida ante nuestros ojos, entreverada de pueblos como de blancas flores, adornada con sus dibujos de bosques y sembrados, cruzada de sus pliegues casi imperceptibles de los cabezos y colinas, de los montecillos y collados.


Laderas y vistas desde el santuario de Ntra. Sra. del Moncayo.


Este espectáculo acentúa su grandiosidad desde la cumbre más alta del Moncayo o cerro de San Miguel (2.315 metros ). iAh!, entonces dirigiendo la vista en torno nuestro divisamos el más extenso círculo del horizonte que yo jamás he contemplado. Porque desde otros picos, por ejemplo de Sierra Nevada o de los Pirineos, como tienen cabe sí otras sierras de considerable altura, se cierra y  empequeñece el horizonte a nuestros ojos; pero el Moncayo no tiene cerca de sí rival alguno comparable a su celsitud y descuella él solo entre innumerables monteci1los. Así es que en torno nuestro vemos un círculo inmenso, solamente variado en lontananza por el relieve de los montes que lo cierran; por la parte de levante el Montsant (Tarragona), desde cuya cumbre se divisa el Moncayo y hasta el santuario, y probablemente también el Montserrat (Barcelona); por el sur los Montes Universales (Teruel ); y dando la vuelta el Guadarrama en Castilla la Nueva, el Pico de San Lorenzo en la Vieja; por el norte se extiende la vista hasta el Pirineo. ¿Se divisa también el Cantábrico? Así he oído decir, que llega a distinguirse en las mañanas diáfanas y lo persuadirá la altura considerable de la cumbre y el grado de curvatura de la tierra.

Quede, pues, asentado, que el panorama del Moncayo no tiene igual en extensión y en este concepto debe considerarse el primero de nuestra Península.

2.º Otro espectáculo por demás magnífico y sublime es ver la salida del sol desde la cumbre del Moncayo. No han faltado veraniegos del santuario de Nuestra Señora del Moncayo, que para gozar de este espectáculo al amanecer pasaron la noche en la cumbre.


Amanecer desde el Moncayo.



Uno de esos espectáculos que recordaré con placer toda la vida presencié en una ascensión a la cumbre del Moncayo. Salimos del santuario muy de madrugada, con intento de poder contemplar la salida del sol desde lo alto. Ya cerca de la cumbre estábamos cuando asomó el astro del día en el horizonte. Sentados bajo un peñasco lo contemplábamos cuando dirigía hacia nosotros sus primeros y vacilantes rayos. Toda la tierra estaba envuelta en una gasa fe matutina niebla, y el mismo astro rey con esfuerzo penetraba los cenicientos celajes que le rodeaban, tornándolos sonrosados . Para colmo de sublimidad una densa nube se puso a nuestros pies, ocultándonos la tierra que yacía deba jo y dejándonos aislados en lo alto. Así estábamos como en un elevado astro, divisando allá abajo al astro rey como besando el escabel de nuestro áureo trono. Semejantes, aunque incomparablemente mejor, nos veremos en la gloria, cuando con bienaventuradas plantas pisaremos las estrellas.

3.º Desde la cumbre pueden además contemplarse variadísimos espectáculos. Ora se pone la niebla a nuestras plantas, mientras nosotros nos vemos en pleno sol, y se la ve subir por las concavidades, para disiparse como por encanto al acercársenos. Ora mirando a lo lejos las nubes que se extienden por el cielo muéstranse blancas iluminadas por los rayos del sol y semejan las olas espumosas de un océano sin riberas.


Olas de nubes golpeando las laderas del Moncayo.


Dejo el fragor de las tempestades que en el Moncayo se fraguan, el espantable estampido de los truenos que bajo nuestros pies o sobre nuestras cabezas retumban, el deslumbrante fuego de los relámpagos que rasgan las negras nubes, las nieblas densas que yacen sobre la tierra y nos elevan al cielo y otros espectáculos emocionantes, a las veces no tan inocentes, como que tienen anejos algún recelo, o resbalamiento, o yerro, o extravío, o contusión, o cansancio. Afortunadamente estos desagradables lances no los he experimentado, o apenas, en nuestro monte.

A estos espectáculos sublimes habríamos de añadir otros innumerables que no, exceden los lindes de lo bello: el murmurar de las fuentes que a cada paso se encuentran, el serpentear de los juguetones arroyuelos. la charla de los torrentes, cuyas aguas se precipitan por las laderas, el trinar de los pájaros, el chirriar de los insectos, el brillo incomparable de las flores, la variedad bellísima de los prados, la sombra fresca de los hayedos, y ahora, después que ha adelantado la repoblación, la apacibilidad y aroma de los pinares, con lo cual el aire, tomando prestadas unas frases de nuestro gran poeta lírico Fray Luis de León,

ofrece mil olores al sentido,
los árboles menea
con un manso ruido
que del oro y del cetro pone olvido.

No acabaríamos si quisiéramos enumerar las bellezas que en el Moncayo se perciben y que encuentran y sienten y gozan, los que en los días ardientes del verano lo visitan."

Extracto de la Memoria premiada en los Jueqos Florales de Tarazona celebrados los días 27 al 31 de Agosto de 1928, siendo Mantenedor el Excmo. Sr. D. Miguel Allué Salvador, Alcalde de la Inmortal Ciudad de Zaragoza. 


¿Te ha gustado? Si es así, continuará...


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