lunes, 25 de abril de 2011

Después de la tormenta.

Una cortina de agua cubre la montaña, me aproximo a ella guiada por los jóvenes y húmedos verdes del campo por los que ya ha pasado la tormenta. Los viejos olivos reclaman su protagonismo sin conseguirlo..., el renacer de la primavera eclipsa a los que resisten dando paso al resurgir de la vida. El ciclo de la naturaleza se repite año tras año pero esta primavera es especialmente bella en las Tierras del Moncayo. La lluvia abrillanta el paisaje, humedece la tierra y los pequeños rayos de sol que consiguen traspasar la negra nube enfocan diferentes escenas del paisaje. Hasta algunos pelados montes, que ennegrecen en invierno, lucen esplendidos del color esperanza, salpicados del amarillo de las retamas en flor. Yo creo que en este verde Moncayo encontraría los 100 tonos de este color que dicen existen en el mundo.

Llegamos a Villa Encanto persiguiendo al chaparrón, que minutos antes ha empapado el encinar, con suerte de decirle adiós sin mojarnos. Hay luz en la ventana, nos esperan. Así que entramos expectantes de saber como lo han pasado nuestros encantadores "okupas" de Semana Santa, parecen contentos, la poción ha funcionado. Sabemos que el Moncayo no siempre es hospitalario, a veces abusa de desconfiado pero cuando te lo ganas es generoso y siempre tiene un detalle. Ya sé, te preguntarás porque hablo de una montaña como si fuera un ser vivo, bueno, los antiguos humanizaron a los dioses de la naturaleza así que diríamos que este ser mágico tiene mucha personalidad.

Cuando nos instalamos en Villa Encanto, hace ya un par de años, parece que no le caímos muy bien, sopló y sopló intentando tirar nuestra villa (casi lo consigue), congeló nuestras tuberías más de una vez y trasteó con nuestra antena fastidiándonos en lo mejor de las películas. Ni te cuento de las nieves que cayeron para demostrarnos quien manda allí y las bromas de los duendes del bosque que mandaba a visitarnos. Ahora en serio, lo cierto es que pese a todas las vicisitudes y dudas que hemos tenido, hemos continuado y aguantado el tirón, parece habernos aceptado. Y cuando me dejan los "okupas", la montaña es mi musa y Villa Encanto mi ventana a un mundo lleno de color, verde estos días pero multicolor el resto del año. ¿Cómo no voy a creer en mi Moncayo Vivo?

Despedimos a unos nuevos amigos del "Encanto del Moncayo" y preparamos la casa para los siguientes. ¿Quienes serán? ¿Disfrutarán tanto como nosotros de la casa? ¿Funcionará el hechizo con ellos? Seguro que sí... Cerramos la puerta, giramos hacia la montaña y nuestro Moncayo Vivo nos regala una nueva escena, decenas de focos iluminan nuestro paisaje, es domingo de resurrección para los cristianos, allá en el cielo alguien cuenta la buena nueva.





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