lunes, 11 de febrero de 2013

Invierno en el Moncayo, llegaron las nieves.

Moncayo desde Maleján (Campo de Borja)


Mucho frío estos días en el Moncayo que ennegrece un paisaje congelado y ralentiza la vida de sus habitantes. Son los cielos los que secuestran la belleza habitual de sus laderas, con un desfile de curiosas nubes de gran hermosura y dulzura en las primeras horas de la mañana pero amenazantes y enroscadas según el sol va perdiendo fuerza. Entre el cielo y la tierra un extraño ambiente impregna el pasar de los días.

En mis incursiones moncainas me queda un amargo sabor al mezclarme con sus gentes, parecen moverse a cámara lenta mientras oigo los ecos de sus conversaciones que llegan tarde a los oídos de sus interlocutores. Tengo la impresión de que hay algo que no va bien y de que la llave que consiga que el tiempo se acorde a los hechos que han de ser está en mi poder. La cerradura donde debo introducirla se aleja cuanto más corro y se acerca cuando paro; sin embargo, no es impotencia lo que siento.

Los tiempos que corren no son buenos para el encanto, aún más valioso si cabe cuando las cosas no son como nos gustaría. No voy a permitir que se pierda encerrándolo para que no escape, seguiré compartiéndolo para que no se extinga como una llama consumida por la falta de oxigeno.  Respiro por ello y a lo lejos contemplo el Moncayo amenazado por un cielo negro que acuchilla la blancura de sus cimas.

Es difícil mantenerse estable con los vientos. Necesito tu aliento de esperanza.
 

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