sábado, 19 de marzo de 2011

Lo que cuentan los pájaros.


Los primeros rayos de sol de la mañana comienzan a colarse por las rendijas de la persiana y el silencio se rompe con los ladridos lejanos de un perro y los gorgoritos de unos pájaros que se posan en el tejado al que da mi ventana.

Comienzan su interminable conversación que me parece adivinar:

-¡Qué alegría! ¡otra vez está abierta aquí la escuela!

-¿Pero qué me estás diciendo? La escuela cerró hace años…

-Sí, ya lo sé, por eso me extrañó oir ayer aquí dentro risas de niños jugando... ¿? Pero te aseguro que ayer por la tarde oí a niños entrar y salir de la casa.

-Me parece que te confundes, hace tiempo que esta casa ya no es una escuela, si no asómate cuando puedas por esa otra ventana y sólo verás un pupitre desvencijado y listo para restaurar que quedó aquí olvidado.

-Ya decía yo -le contesta el otro pajarito con sus graciosos gorgoritos - pero oye ¿y el practicante que vivía aquí?

-¿El practicante? ¿ese pequeñajo y feo al que le gustaban mucho los niños? La gente del pueblo cuenta que era muy chiquero pero que su mujer lo ataba bien corto…

-¿De quién habláis? ¿Del practicante? ¿El que vivía aquí?-oigo en otro tono y gorjeo diferente a otro pájaro que acaba de posarse entre aleteos y píadas.

-Sí , ¿tú sabes algo de él?

-Buffff, yo creo que ya murió, pero me contaron que hace tiempo, cuando él vivía en esta casa, lo mandaron llamar para atender a una parturienta del pueblo y su mujer no le dejó cumplir con su trabajo.

-Anda que… hay cada una por ahí…

TAN, TAN, TAN, TAN...

Los cuartos de la hora rompen la conversación y se oye un aleteo asustado mientras escucho como las campanas de la iglesia nos recuerdan que son ya las ocho de la mañana.

Me acurruco en mis sábanas sonriendo y pienso que ahora nos toca a nosotros escribir nuestra propia página en la historia de nuestra casa.

1 comentario:

  1. Precioso Mari Luz. Es cierto, ya se empiezan a oir los cantos de los pájaros, pronto se posarán las golondrinas en nuestras ventanas. Me quedo con la frase final: "Nos toca a nosotros escribir nuestra propia página en la historia de nuestra casa". Me recuerda a aquella canción de la Ronda de Boltaña, la Casa caída, que tiene estrofas tan bonitas como: "Tu casa no es sólo un montón de piedras,
    la torre que el tiempo derrumbará;
    es más que un techo, es un puente de sangre
    entre los que vivieron y los que vivirán (...) Y en pie de nuevo, hundidas chamineras
    una bandera de humo orgullosas ondearán".

    Ondeemos banderas de humo en nuestras casas, señal de vida en nuestros pueblos.

    ResponderEliminar