viernes, 4 de enero de 2013

Aquel último pastor...



Nos perdimos para encontrar aquel lugar donde paró el tiempo cuando él ya no volvió.

El último pastor de aquellas abandonadas parideras pasó muchas noches junto a sus ovejas, dentro de su diminuta cabaña de piedras donde aún quedaban todas sus cosas. Allí estaba su ennegrecida vajilla ordenada en una estantería y los oxidados cubiertos enganchados en una caña que ya colgaba de un solo clavo y que recolocamos con cuidado. Un murete separaba el fuego del hogar de un camastro con colchón de lana donde dormía en las frías noches del Moncayo. En la pared colgaba una chaqueta raída de pana junto a la puerta que pareció no necesitar cuando marchó. Los aperos de su burrico y un pequeño taburete no han sido descubiertos por los depredadores humanos y continúan en su sitio, allí los dejamos con el resto de sus cosas.

Hemos sido unos privilegiados descubriendo aquel lugar y viéndolo todo tal como fue, sin decorados ni focos de museo. En aquel camino de un extenso páramo, junto a la sierra de la Nava Alta, quedan muchas parideras abandonadas y pequeños poblados fantasmas donde sus habitantes parecen haber desaparecido de la noche a la mañana sin apenas recoger sus cosas. La modernidad arrasa y deja aquellas grandes extensiones de prados amurallados con cercas de piedra seca sin ganado que apacentar. ¿Donde estarán?

Para saber más sobre estas construcciones pastoriles: Las parideras del Valdeavellano >>


 





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