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Mostrando entradas de marzo, 2010

La ruta de los Bécquer

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Entre almendros y parajes encantados paseaban los hermanos Bécquer durante su estancia en el monasterio de Veruela, así que nosotros quisimos recorrer junto a ellos los lugares que luego plasmaron en sus dibujos y leyendas. Esta ruta está bien señalizada con postes o marcas lilas y blancas en los diferentes cruces de caminos. Si tenéis cuidado en no despistaros, podréis llegar a Litago sin perderos ninguno de los puntos en los que se nos explica la ruta, con grabados de Valeriano y textos de Gustavo Adolfo. El punto de partida está situado en el parking del monasterio, sólo hay que cruzar la carretera y seguir por el camino donde se encuentra la cruz negra, allí el poeta esperaba sentado la correspondencia de Madrid. Este primer tramo está señalizado con postes que nos dirigen hacia Trasmoz, pasando antes junto al yacimiento de la Oruña al que os recomendamos que os acerquéis y contempléis las vistas de la montaña mágica que sus habitantes antaño seguramente adorarían. En T

Ya hace un año...

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Un 24 de marzo, ya hace un año, os contaba la historia de un encantamiento que al parecer ha sido bastante contagioso por el número de visitas que hemos tenido. No os voy a aburrir dándoos cifras, sólo deciros que una media de 900 visitas mensuales es todo un logro para nosotros. Digo nosotros porque aunque escriba yo, tengo un compañero de aventuras al que llevo de un lado para otro, siempre refunfuñando pero que disfruta de esta historia tanto como yo. Empezábamos muy timidamente y según cogíamos confianza nos íbamos soltando. Nosotros queríamos mostrar a nuestros amigos del Moncayo que vivían en un sitio privilegiado, porque a veces no nos damos cuenta de lo que tenemos hasta que no lo valoran fuera. Y lo que el Moncayo tiene no sólo son fabulosos paisajes, el Moncayo son sus pueblos, son sus gentes, ellos son los que lo hacen único. En nuestras andanzas hemos conocido a más buena gente que nos han apoyado y seguido durante estos meses y a los que esperamos no decepcionar nunca.

Restauración de los cabezudos del Santuario de la Misericordia

Emocionante y bello montaje de la restauración de los cabezudos del Santuario de la Misericordia. A mis hijos les daba miedo asomarse a la sala del Santuario donde estaban arrinconados y arruinados, ahora ya es otra cosa. Una tradición más que no se pierde y que alegrará de nuevo a muchos de los que un día corrieron delante de ellos.

Moncayo en Marzo.

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La primavera tarda un poquito más en llegar al Moncayo aunque ya despuntan las flores en los almendros. Este fin de semana la nieve cubría toda la sierra y una egoísta bruma intentaba esconder el paisaje. El gris manda todavía y algunos negros árboles del camino parecían no haber superado el invierno, espero que les quede algo de savia que vuelva a hacerlos brotar esta primavera. Pronto una alfombra de árboles rosados nos dará la bienvenida a estas tierras y la nieve iluminará el cielo más azul que jamás hayáis visto. Los verdes despertarán y competirán en belleza con el color del cielo, desplegando todas sus gamas. Y yo no podré evitar admirarlos, como si fuera la primera vez... Pasaremos Veruela y los estirados chopos lucharán por ocultarnos el horizonte, una brisa moverá sus hojas llamándome, giraré la cabeza y allí estará como siempre, esperándonos , mi dulce (cuando quiere) y poderosa montaña...

La leyenda del tesoro de los Bécquer

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¿Imaginarían los Bécquer que ellos también formarían parte de una leyenda? Esta leyenda surge para explicar los viajes de los hermanos Bécquer al monasterio, atribuidos a varios intentos de localizar un tesoro, del que habían tenido noticia en su primer viaje. Cuenta como Gustavo Adolfo, un día que paseaba sin rumbo, creyó dar con la pista del tesoro: la bóveda que conducía a un subterráneo donde existían objetos de gran valor. Sin embargo, para extraer éstos se necesitaba un gran número de obreros. Gustavo Adolfo lo contó a Valeriano y ambos vivieron con la esperanza de comprar algún día aquel terreno. Al morir Valeriano, su hermano refirió la historia a su amigo Bernardo Rico y éste a Manuel Alhama Montes “Wanderer” quien fue a Veruela hacia 1898 a buscarlo. Sólo encontró una cueva llena de escombros y abejas que le atacaron en masa y abandonó definitivamente la búsqueda. En todo caso, el verdadero tesoro que los Becquer legaron en Veruela fueron sus cartas y sus dibujos.

Cueva de los Aprendices.

Ramiro te enseña esta cueva en su blog: El nido de Aguilas del Moncayo>>

Alcalá de Moncayo

Más videos de Encanto del Moncayo en YouTube>>

Señales.

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¿Creéis en las señales? Yo sí. Hoy llegaron a mis manos las memorias manuscritas de mi abuelo, aquel dulce y pequeño viejecito al que todos mimaban era un desconocido para mí. Su infancia fue muy dura, su madre murió en el parto y nunca pudo conocerla pero sí a una larga lista de madrastras que no le trataron bien, de hecho en plena guerra mintió en su edad para poder alistarse en el ejercito donde creía que no necesitaría robar para poder comer. ¿Sabéis? Yo hablo muy bajito y el quedó sordo en la guerra, una granada le explotó muy cerca y le destrozó los tímpanos. Para mí era complicado comunicarme con él, no me gusta gritar y su audífono no era suficiente para mi bajo tono de voz. Una tarde de otoño me encontré casualmente con él, sentí que algo raro ocurría y se lo comenté a mi madre. Unos meses más tardes moría tras un derrame y en su dulce lecho de muerte me dijo por primera y única vez cuanto me quería. Nunca olvidaré ese día, ni tampoco sus siempre infructuosos intentos por c