martes, 11 de julio de 2017

Amanece en Moncayo


Cuando el sol salga en el horizonte   




Cuando era niña, elegía lo que quería soñar cada noche. Podía elegir ser uno de mis personajes de ficción preferidos, esconderme en una acogedora cueva o habitar una gran mansión y, también, podía vivir grandes aventuras o sufrir penalidades que lograba vencer con valor. Elegía como comenzar mis sueños, pero nunca supe cómo terminarlos, de hecho, no logro recordar si tenían final, o comenzaban una y otra vez.

Al hacerme mayor aprendí a soñar despierta, no es sencillo, pero… ¡es tan apasionante! En los sueños todo es posible, sólo tienes que saber cuánto quieres que te cueste la recompensa que buscas y qué caminos seguir. A veces hay que despertar porque las personas que no están en tus sueños te necesitan en los suyos, no importa, luego siempre puedes retomarlos.

Un día encontré una montaña y decidí soñar allí, así que anduve sus caminos, me tumbé en sus praderas con bellos cielos, conocí a otros soñadores, espié a los seres de sus bosques y descubrí todos sus secretos, algunos me gustaron y otros no.

Y aquí sigo, amanezco sin saber terminar mis sueños, me gusta cambiarlos o empezar de nuevo cuando se convierten en pesadillas. En ocasiones, pocas, el miedo gana y tengo que despertar… pero, no, no me rindo y vuelvo a soñar.

Comienza un nuevo día. La felicidad está en el camino, así que no dejes de caminar aunque a lo mejor no haya final. Te espero en mi montaña.





y la luna se esconda tras el Moncayo,



  sigue soñando...       




Texto: Rocío Herrera
Fotografías: Jesús Lamark




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