7 curiosidades del Monasterio de Veruela que te harán querer visitarlo hoy mismo

Hay lugares que no se visitan: se viven. El Monasterio de Veruela, a los pies del Moncayo, es uno de ellos. Quien cruza su portón siente que entra en un espacio donde el tiempo se detiene, donde cada piedra guarda una historia y cada rincón susurra un secreto. 

Hoy te traigo siete curiosidades que hacen de Veruela un lugar único, un monasterio que sorprende incluso a quienes lo han recorrido mil veces.

1. La muralla de Veruela: casi un kilómetro de protección medieval

muralla monasterio de veruela
Muralla del Monasterio de Veruela. Puerta de acceso.


El Monasterio de Veruela está rodeado por una muralla imponente de casi un kilómetro de longitud, uno de los recintos monásticos fortificados mejor conservados de España.

Su trazado forma un gran rectángulo irregular que abraza todo el cenobio, con torres, almenas y un sistema defensivo que recuerda que, en la Edad Media, los monasterios no solo eran lugares de oración, sino también espacios de refugio y protección.

La muralla no sólo defendía a los monjes, sino también a los habitantes de los alrededores en tiempos de conflicto. Cruzar hoy su puerta principal es como atravesar un umbral entre dos mundos: el exterior y el silencio protegido del Císter.

Entremos...

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2. El lavabo del claustro… y el “huerto de piedra” que reproduce la flora del Moncayo

capitel monasterio de veruela
Helechos en la penumbra de la Sala Capitular


En el ala oriental del claustro se conserva uno de los elementos más especiales del monasterio: el lavabo, un templete gótico del siglo XIV donde los monjes se lavaban antes de entrar al refectorio. Su elegancia sobria y su estado de conservación lo convierten en una de las joyas del conjunto.

Pero lo que realmente hace único al claustro de Veruela es su decoración vegetal esculpida en piedra, conocida como “El huerto de piedra”, estudiada en profundidad por Javier Delgado y Bernardo Lario en su obra del mismo nombre.

Un jardín botánico tallado en piedra

Los capiteles, frisos y columnillas de las cuatro pandas del claustro —y también los de la sala capitular— están decorados con una sorprendente variedad de plantas del Moncayo, reproducidas con un nivel de detalle extraordinario: boj, hiedra, cardos, zarzas, hojas de roble y quejigo, sabinas, aliagas…

No se trata de un motivo ornamental al azar: los escultores representaron especies reales del entorno, desde árboles y arbustos hasta hierbas y flores, creando un auténtico herbario mineral.

Un orden que imita la naturaleza… incluso en la luz

El detalle que casi todos pasan por alto: Las plantas esculpidas siguen las condiciones de luz reales. Las especies de sombra están en las zonas más umbrías del claustro, mientras que las que necesitan sol se sitúan en los muros orientados al este y oeste. Es arquitectura que imita a la naturaleza. Es decir: el claustro funciona como un mapa botánico vivo, donde la arquitectura reproduce el comportamiento de la montaña.

Este “huerto de piedra” es uno de los conjuntos escultóricos vegetales más ricos del Císter en España, y un detalle que muchos visitantes pasan por alto… pero que, una vez descubierto, cambia por completo la forma de mirar el claustro.

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3. La piedra de mesura: el “metro” medieval del monasterio.


Piedra de Mesura curiosidades veruela
Piedra de Mesura del Monasterio de Veruela

En la Sala Capitular se conserva una joya para los amantes de la historia: una losa con marcas de medida que el maestro de obras grabó para guiar la construcción. Se encuentra en el antepecho de la entrada a la Sala Capitular y era el patrón oficial para que todos los canteros trabajaran bajo la misma unidad. 

En ella verás:

  • Tres medidas de pies.
  • Una escuadra grabada.
  • Círculos que evocan conceptos geométricos como el Número Áureo, demostrando el rigor técnico medieval.

Una rareza histórica que no debería estar ahí 

Lo que hace verdaderamente excepcional a la piedra de Veruela es el hecho mismo de que podamos verla. En la Edad Media, los "metros patrón" solían fabricarse en madera o dibujarse sobre lechos de yeso que se destruían al terminar la obra para proteger los secretos del gremio. Pero cuando las esculpían en piedra la mayoría de los maestros les daban la vuelta al finalizar la construcción, ocultándolas para siempre en los muros para que nadie "robara" sus proporciones. 

En Veruela, sin embargo, la geometría se trató como algo sagrado: decidieron dejar este manual de armonía a la vista de todos, convirtiéndola en una de las poquísimas que se conservan in situ en toda Europa. Hay una famosa en la Catedral de Friburgo (Alemania) y otra en la de Viena, pero la de Veruela es excepcional por su complejidad geométrica, ya que no solo marca longitudes, sino ángulos y proporciones áureas.

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4. La historia viva de Veruela: de los cistercienses a los primeros viajeros del Moncayo




El Monasterio de Veruela fue fundado en 1145 y es el monasterio cisterciense más antiguo de Aragón, un auténtico referente que después inspiraría a los Monasterios de Rueda y Piedra. 

Sus primeros habitantes vivían bajo la Regla de San Benito, ese “manual de instrucciones” medieval que lo organizaba todo: el silencio casi sagrado del claustro, la ración diaria de vino que acabaría dando forma a la tradición vitivinícola del valle, y el famoso ora et labora, que en Veruela significaba cuidar la huerta, copiar manuscritos o mantener el monasterio impecable. Dormían vestidos en una sala común, siempre listos para levantarse al toque de campana, y su vida giraba en torno a la moderación y la sencillez. Una existencia austera, sí, pero llena de matices que hoy nos resultan tan extraños como fascinantes.

Tras la desamortización de 1835, los monjes cistercienses abandonaron Veruela, pero el monasterio siguió muy vivo: el Estado lo convirtió en hospedería, y por sus estancias empezaron a pasar viajeros en busca de tranquilidad, aire puro y ese silencio tan propio del Moncayo. Entre ellos llegaron los hermanos Bécquer, que encontraron aquí inspiración para algunas de sus obras más conocidas. 

Años después, en 1877, el recinto fue cedido a los jesuitas, que lo usaron como casa de formación y retiro espiritual, devolviendo estabilidad y cuidado a un conjunto que, gracias a estos usos, nunca llegó a caer en el abandono. Hoy, bajo la gestión de la Diputación Provincial de Zaragoza, Veruela sigue recibiendo visitantes con la misma calma que enamoró a aquellos primeros huéspedes del siglo XIX.

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5. Los Bécquer: huéspedes ilustres y enamorados del Moncayo

cilla monasterio de veruela
Espacio Bécquer. Cilla del Monasterio de Veruela.

A finales de 1863, un Gustavo Adolfo Bécquer con la salud debilitada llegó a Veruela buscando el aire puro del Moncayo. Junto a su hermano Valeriano, transformó el monasterio en su santuario creativo.

Aquí, en el silencio del monasterio y bajo la sombra del Moncayo nacieron las famosas "Cartas desde mi celda", donde Bécquer mezcló la realidad de sus paseos por Trasmoz con las leyendas más misteriosas del valle. Mientras él escribía, Valeriano retrataba el lugar; sus más de 90 dibujos son hoy un testimonio visual único del romanticismo español.

Entre esas cartas destaca la dedicada a la leyenda de la Virgen de Veruela, que narra el origen milagroso del monasterio. Según la tradición, Don Pedro de Atarés, señor de Borja, se encontraba de caza cuando una tormenta repentina lo atrapó en plena persecución de un venado. Temiendo por su vida, imploró la ayuda de la Virgen María. La Virgen atendió sus ruegos: se le apareció en el cielo, lo protegió del temporal y le entregó una pequeña imagen suya depositada sobre una encina. A cambio, le pidió que levantara en aquel lugar un monasterio dedicado a Ella. Así nació Veruela.

Veruela, santuario de los “becquerianos”

En la actualidad, el monasterio se ha convertido en un lugar de peregrinación literaria para los amantes del poeta: los becquerianos, que buscan sentir el mismo silencio y la misma inspiración que cautivaron a los hermanos.

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6. La tumba del fundador: El hombre que pudo ser rey y eligió que tú lo pisaras

acceso a la iglesia del monasterio de veruela por el claustro
Acceso a la Iglesia. Tumbas del Señor de Atarés y de su familia.


Cuando entres a la iglesia desde el claustro, mira al suelo. Pisarás, casi sin saberlo, la tumba del fundador de Veruela, Pedro de Atarés. No busques un monumento grandioso; es una losa negra sencilla marcada con una espada. Su ubicación en el umbral simboliza la unión entre los monjes y su protector, un recordatorio de que, ante la espiritualidad, todos somos iguales.

Lo que hace que este rincón sea tan fascinante es el secreto que guarda su humildad:

  • Pudo tenerlo todo: Pedro no era un noble más. Era primo de reyes y, cuando el trono de Aragón quedó vacío, él fue uno de los favoritos para ocuparlo. Imagínatelo: el hombre que pudo haber gobernado todo un reino decidió, al final de sus días, que su lugar no era un trono de oro, sino el suelo que estás pisando.
  • Su estrategia para el cielo: En su época, se creía que cuanto más humilde fueras, más cerca estarías de Dios. Al elegir el umbral, Pedro se aseguró de que cada monje, y ahora nosotros, pasaramos sobre él. Es posible que no solo buscara humillación, sino que su nombre y su alma estuvieran presentes en el pensamiento y en los rezos de todo el que entrara a la iglesia.
  • Un abrazo eterno: En el muro del claustro junto a donde yace el Señor de Atarés, se encuentran varias tumbas que tradicionalmente se atribuyen a miembros de su familia . Es como si él se hubiera quedado en la puerta para darte la bienvenida, acompañado de sus seres queridos.

Un pequeño consejo: Cuando pases por encima de esa espada, hazlo con suavidad. Es el recordatorio más íntimo de Veruela de que al final del camino, todos somos iguales y que la verdadera grandeza está en los detalles más sencillos. Aquellos que, como esta losa, a veces pasan desapercibidos.

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7. El vino: una tradición monástica que perdura… y un museo único en Veruela



museo del vino de la denominacion de origen campo de borja
Museo del vino de la DO Campo de Borja. Audiovisual multimedia.

Los monjes de Veruela fueron pioneros en el cultivo de la vid en la zona. Su trabajo paciente, su conocimiento agrícola y su sentido del orden dejaron una huella profunda en el valle. Siguiendo la Regla de San Benito podían tomar una hemina de vino al día (unos 0,27 litros) por monje. Pero los monjes no solo producían vino para su consumo, sino que transformaron toda la comarca. Ellos introdujeron técnicas de cultivo que hoy son la base de la D.O. Campo de Borja. De hecho, se dice que el "Imperio de la Garnacha" nació entre estos muros.

Caminar por el claustro de Veruela es recorrer las raíces de la Garnacha. Cada piedra de la Cilla y cada relieve de vid en sus capiteles nos cuentan que este no fue solo un lugar de paz, sino la bodega más importante de Aragón durante siglos. Hoy, esa tradición continúa viva: el monasterio alberga la sede de la Denominación de Origen Campo de Borja, una de las más reconocidas de Aragón y famosa por su garnacha.

De la bodega de Dios al Museo del Vino: un viaje de novecientos años

Lo más asombroso de toda esta historia es que no se ha quedado atrapada entre pergaminos antiguos ni leyendas de frontera. Ese legado que los monjes trajeron en sus alforjas y que mimaron en la soledad del claustro, hoy tiene su propio santuario: el Museo del Vino de la D.O. Campo de Borja.

Al entrar al recinto amurallado, a mano derecha, encontrarás el Museo del Vino. Es el broche de oro perfecto para la visita: un espacio inmersivo donde entenderás por qué la garnacha de esta zona es tan especial y cómo el Moncayo moldea el sabor de cada uva. Es, en definitiva, la prueba de que el espíritu de Pedro de Atarés y de sus monjes sigue vivo en cada copa que se sirve a la sombra del monasterio.

No te vayas de Veruela sin visitarlo; es el lugar donde la historia, por fin, se puede beber.

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Un lugar que siempre revela algo nuevo

Veruela está llena de detalles, historias y secretos. Estos siete son solo una pequeña muestra: hay muchos más, tantos que bien podrían dar para una segunda parte… Da igual cuántas veces lo visites: Veruela siempre ofrece un detalle que antes pasó desapercibido. Un juego de luces en el claustro, un silencio que abraza, una historia que vuelve a despertar.

¿Conocías la historia de las plantas esculpidas o eres más de las leyendas de Bécquer? ¡Te leo en los comentarios!


Horarios, precios y visitas guiadas

El Monasterio de Veruela ofrece visitas guiadas incluidas en el precio de la entrada, y son muy recomendables: ayudan a comprender mejor la historia del monasterio, sus espacios, sus símbolos y muchas de las curiosidades que has leído aquí. Se realizan en distintos horarios a lo largo del día y no requieren reserva previa (salvo grupos)

Horario de apertura  (Consultar siempre la web oficial por posibles cambios estacionales)

  • Mañanas: 10:00-12:00 h.
  • Mañanas: 10:00–14:00
  • Tardes: 16:00–18:00 / 19:00 según época del año

Precio de la entrada

  • Entrada general: 2,50 €
  • Reducida: 1,50 €
  • Menores de 8 años: gratuita


Nuestros alojamientos

Después de recorrer Veruela, entender su historia y dejarte envolver por ese silencio tan característico del Moncayo, es fácil comprender por qué tantos viajeros —desde los monjes hasta los propios Bécquer— sintieron aquí algo especial. Y, como ellos, hay quien viene solo por unas horas… y acaba queriendo quedarse un poco más.

En la casa rural Cuenta la Leyenda y en el albergue Las Escuelas te esperamos con esa misma calma, la luz del valle y el encanto de un lugar que invita a detenerse.

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